En la Selva
Okapi

REINO
Animalia
FAMILIA
Giraffidae
FILO
Chordata
GÉNERO
Okapia
clase
Mammalia
ESPECIE
O. johnstoni
ORDEN
Artiodactyla
NOMBRE BINOMIAL
Okapia johnstoni
       

La jirafa y el okapi son los últimos representantes que sobreviven de una familia que en otro tiempo fue sumamente diversa. Vive en las tupidas selvas tropicales muy densas del norte de la República Democrática del Congo, de donde es endémico, entre los ríos Uelle, Ituri y en las selvas de Aruwimi. Allí permanece la mayor parte del tiempo caminando por senderos entre la espesa vegetación.

Con las jirafas comparte muchas adaptaciones morfológicas, aunque su cuerpo sea en realidad más parecido al de un caballo.

Tienen patas largas, cabeza alargada, estrecha y con pequeños cuernos, y unos peculiares caninos inferiores lobulados. Las patas anteriores son más largas que las posteriores, las partes delanteras son elevadas para facilitar el ramoneo. Como en todos los artiodáctilos, las patas terminan en dedos pares con pezuñas. El cuello es largo, pero lo sorprendente en el cuello, en extremo alargado de este animal, es que contiene sólo 7 vértebras, las mismas que casi todos los demás mamíferos; sin embargo, en esta especie cada una de las vértebras está muy estirada.

Los cuernos son diferentes a los que presentan otros mamíferos, ya que se forman como cartílago, y se convierten en hueso desde las puntas hacia abajo y se encuentran cubiertos con piel.

El okapi exhibe un pelaje marrón oscuro aterciopelado con franjas blancas en las ancas y parte superior de las piernas (bajo las rodillas son blancas). A la luz del sol filtrada en el sotobosque de la selva, sus rayas actúan como camuflaje. Poseen una cola larga que termina en un abundante penacho.

Son ramoneadores de hábitos diurnos, y poseen 2 o 3 dientes caninos lobulados únicos en su género, los que se pueden usar como un peine para arrancar las hojas de pequeñas ramas. También utilizan sus delgados labios móviles y su larga lengua negra prensil, que enrolla alrededor de las hojas, brotes y pequeñas ramas para llevarlas a la boca. La lengua es empleada también para el aseo, y, en el caso de las hembras, para limpiar a sus crías. Poseen un estómago rumiante de cuatro cámaras, que les facilita la digestión de la materia vegetal.

Son estrictamente herbívoros, que consumen entre 20 y 27 kg de vegetación al día. Los okapis son conocidos por comer de vez en cuando la arcilla que se encuentra en los lechos de los ríos, a fin de satisfacer sus necesidades de sales y minerales.

Los okapis son animales solitarios y nunca se encuentran en rebaños, aunque en algunas ocasiones se ha observado que viven en parejas, pero no de manera permanente.  Tienen áreas de distribución no muy extensas y solamente los machos dominantes mantienen un territorio (las hembras se mueven con libertad de un territorio a otro). Los okapis macho se aparean con hembras que deambulan dentro de su territorio.

 

Este ramoneador escurridizo del bosque húmedo tropical espeso, se alimenta de día con hojas, pequeñas ramas blandas, brotes, frutos y otras partes de plantas.

Confía principalmente en su audición cuando se encuentra en el bosque denso y emite un sonido retumbante al reunirse con otros. En presencia de una hembra receptiva, los machos rivales pelean con sus cuellos al igual que las jirafas, y emiten sonidos plañideros suaves al cortejarla; la hembra indica su disposición con llamados similares y marcación territorial con olor.

Mide de 1,97 a 2,15 m de longitud; su cola, de 30 a 42 cm; alcanza una altura de 1,50-1,80 m hasta la cruz y pesa entre 200 y 300 kg. La hembra es levemente más alta que el macho, y entre 25 y 50 kg más pesada. Ambos tienen un aspecto similar: cabeza y cuello largos, hocico y cuerpo oscuros (que va decreciendo desde los hombros) y orejas grandes ubicadas en la parte de atrás.

La hembra pare una sola cría entre agosto y octubre, después de un periodo de gestación de 425 a 491 días. Los recién nacidos pesan unos 16 Kg, y experimentan un crecimiento muy rápido durante las primeras semanas de vida. La madre defiende a su descendencia contra los depredadores, pero el lazo entre madre y cría no es tan fuerte como en otros muchos mamíferos ungulados.

El okapi no fue considerado una especie diferenciada hasta 1900 o 1901. Antes de esa fecha se le había divisado en forma ocasional, pero principalmente desde atrás, por lo que era conocido como «cebra del bosque». Tímido y sigiloso, se alejaba con rapidez de los humanos y se internaba en el bosque denso. La impresión de que se trataba de una cebra que vivía en el bosque, fue reforzada por los pocos especímenes de piel vieja encontrados.

Si bien los okapis no están clasificados como especie en peligro de extinción, son vulnerables por la destrucción de su hábitat y la caza. Son un objetivo para los cazadores furtivos debido a su carne y su pelaje único. Debido a su naturaleza solitaria, la mayoría de la información sobre el comportamiento conocido por los científicos, se ha logrado reunir a partir de ejemplares en cautiverio. Los científicos estiman que todavía están bien distribuidos a lo largo de su área territorial, con aproximadamente 25.000 individuos en estado salvaje, por lo que actualmente no se consideran en peligro. El trabajo de conservación en el Congo incluye el estudio continuo de su estilo de vida y comportamiento.

El 8 de junio del 2006, científicos reportaron haber descubierto evidencias de que aún quedaban okapis en el Parque Nacional Virunga. La Sociedad Zoológica de Londres anunció al mundo el 10 de septiembre de 2008, que aparatos fotográficos colocados por ellos habían tomado fotos del okapi en su ambiente natural en el Parque Nacional de Virunga, a cientos de kilómetros de la reserva natural consagrada a la conservación de esta especie en las selvas del Ituri.

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