En la Sabana
Berrendo o Antílope americano

REINO
Animalia
infraorden
Pecora
FILO
Chordata
FAMILIA
Antilocapridae
clase
Mammalia
GÉNERO
Antilocapra
ORDEN
Artiodactyla
ESPECIE
A. americana
subORDEN
Ruminantia
NOMBRE BINOMIAL
Antilocapra americana
       

El berrrendo o antílope americano, es un ungulado nativo de América del norte. Se trata del único representante actual de los antilocápridos, una familia de artiodáctilos que hasta principios del Pleistoceno contaba con numerosas especies. Con el paso del tiempo, todos esos antilocápridos se extinguieron por diversas causas, dejando al berrendo actual como único vestigio de su presencia.

En Chihuahua (México) se le considera en peligro de extinción, y la cantidad total de ejemplares se calcula en 800. Por fortuna, los cazadores no encuentran el sabor de su carne muy apetecible.

Por ser un animal de planicie y campo abierto, uno de los problemas más serios a los que se enfrenta es la existencia de cercas de púas en ranchos ganaderos, ya que a pesar de tener la habilidad de saltar, no encuentra la forma de sortear el obstáculo con facilidad.

En casos de emergencia, se lanza contra la cerca de púas para después saltarla con facilidad. Con frecuencia, las cercas también evitan que llegue a sus fuentes de abastecimiento de agua.

Es también el más rápido de los mamíferos norteamericanos, y alcanza velocidades de hasta 80 km/h.

Los berrendos recuerdan por su aspecto y características a una especie de cruce entre un antílope y un ciervo.

Los machos son mayores, con un peso de 45-60 kg, mientras que las hembras pesan entre 35 y 45 kg. Ambos sexos poseen cuernos curvos y dirigidos hacia atrás, que mudan cada año, como los ciervos, pero nunca se desprenden de la base ósea que hay bajo la superficie córnea. Estos cuernos son más grandes y están ramificados en los machos (125 a 450 mm), mientras que las hembras los tienen cortos y sin ramificaciones (25 a 150 mm).

La forma del cuerpo recuerda a los antílopes, ya que al igual que ellos, tienen el lomo a mayor altura que los hombros. En cuanto al pelaje, es leonado o berrendo en el lomo (de donde proviene su nombre en castellano), aunque en invierno se oscurece ligeramente. Se aclara en las partes inferiores del cuerpo hasta volverse blanco en cara, garganta, vientre, patas y glúteos. Los pelos de éste último lugar se erizan cuando el animal presiente algún peligro, sirviendo de advertencia a otros miembros del grupo. Existen bandas de pelo oscuro en nariz, frente, carrillos, parte posterior del cuello y dorso de la cola. Las patas tienen cuatro dedos, aunque caminan sobre dos.

El hábitat característico de estos animales son los espacios abiertos, como llanuras herbáceas y semidesiertos, donde se alimentan durante gran parte del día de hierbas, arbustos, musgos y en ocasiones incluso cactus.

Los berrendos se mueven por estos parajes en grandes grupos, a veces en manadas de cientos de animales, especialmente en verano. Los integrantes de estas manadas son siempre hembras con sus crías y machos jóvenes. Los machos adultos o viejos suelen ser solitarios o viven en pequeños grupos, aunque a veces pueden formar también rebaños compuestos únicamente por individuos masculinos.

En otoño, los machos en edad reproductora compiten entre sí luchando cabeza contra cabeza con el fin de ganarse el derecho a reproducirse. Al contrario que en muchos otros ungulados, los machos no abandonan las manadas de hembras y jóvenes tras la época de celo, sino que se unen a ellas durante todo el invierno siguiente.

Tras 230 días de gestación, las hembras paren una cría (si es su primer parto) o dos, durante el mes de junio. Estos pequeños son de color gris y pesan de 2 a 4 kg. Inmediatamente después del parto, las hembras separan a sus crías y las esconden entre la maleza, aunque se mantienen vigilantes en las zonas próximas, y acuden regularmente para amamantarlas.

Los berrendos no cuentan actualmente con auténticos depredadores. Son los animales más rápidos del mundo en distancias largas, capaces de mantener una velocidad de 86 km/h durante una o dos horas, velocidad suficiente para dejar sin aliento a cualquier cazador. Se da el caso curioso de que algunas manadas corren y adelantan trenes y coches en las praderas norteamericanas, sólo por pura diversión. Su velocidad máxima registrada fue de 98 km/h.

Debido a ello, los berrendos que mueren presas de otros animales son raros. Los lobos, coyotes, linces, pumas y águilas reales pueden matar crías de pocos días, pero incluso esto no es algo común, pues los pequeños berrendos pueden pasar horas agazapados entre la vegetación sin realizar movimiento alguno que pueda delatarlos.

 

A las pocas semanas de nacer dejan de esconderse y siguen a su madre, siendo ya más rápidos que sus potenciales cazadores. Siendo así, ¿por qué la velocidad del berrendo sigue aumentando conforme lo hace el animal, si ya es a todas luces innecesario? La razón para esto es que hasta hace apenas 20 milenios, los berrendos sí tenían un depredador del que preocuparse seriamente. En las praderas americanas habitaban felinos similares al guepardo de Asia y África, pertenecientes al género extinto Miracinonyx, que probablemente alcanzaban velocidades similares a éste (105 km/h en tramos cortos). La velocidad y la resistencia a la carrera, se desarrollaron con el fin de darles esquinazo, y cuando los guepardos americanos se extinguieron a finales de la última glaciación, los berrendos simplemente siguieron siendo igual de veloces que hasta entonces.

Debido a esta ausencia de depredadores, los berrendos se multiplicaron sin problemas durante el Holoceno, y a la llegada de los primeros colonos europeos, formaban manadas de millones de ejemplares en las llanuras de Canadá, Estados Unidos y México. Esto cambió con la llamada «conquista del Oeste». Al igual que los bisontes, los berrendos fueron objeto de una brutal matanza a manos de los colonos durante todo el siglo XIX, muriendo miles cada año.

En 1908, quedaban menos de 20.000 ejemplares en todo el mundo. Antes de que la especie decreciese más, se dictaron leyes para protegerla a ella y su hábitat, por lo que la población ha aumentado en la actualidad hasta casi los 3 millones de animales, siendo especialmente abundantes en las zonas protegidas de Wyoming y Colorado. En algunas zonas la caza ha vuelto a ser permitida con el fin de controlar el exceso de población.

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