En la Sabana
Avutarda de Kori

REINO
Animalia
FAMILIA
Otididae
FILO
Chordata
GÉNERO
Ardeotis
clase
Aves
ESPECIE
A. kori
ORDEN
Gruiformes
NOMBRE BINOMIAL
Ardeotis kori
       

Las avutardas, de características piernas largas, y sus parientes, constituyen una variedad de aves que se aprecian diferentes unas de otras en cuanto a su apariencia física, pero que están relacionadas por aspectos de su anatomía interna, como la falta de buche en su sistema digestivo. Este grupo incluye, además de la avutarda propiamente dicha, las grullas, los rascones y gallinetas acuáticas, jacamines, trompeteros y la tigana o pavito de agua.

Las avutardas deben su nombre a una derivación de la expresión «ave tarda», ya que su paso es enormemente lento en comparación con cualquier otro miembro de la familia. De cualquier modo, tal denominación se adecua perfectamente a toda la familia, ya que todos estos animales caminan despacio sobre el terreno.

La avutarda de Kori, de movimientos lentos y vida larga, con un antiguo linaje, es una de las aves más grandes del mundo, llegando a pesar hasta 19 kg con una longitud de 1,2 metros, sin perder por ello su capacidad de volar. Alcanzan una envergadura alar por encima de los 270 centímetros. Sin embargo, al igual que sus parientes, vive en el suelo y es reticente a volar, a menos que se encuentre en serio peligro.

Estas aves son en su mayoría de color gris, con una cresta negra en la cabeza. El plumaje es similar en ambos sexos, con variaciones individuales con respecto al diseño de las bandas.

Se distribuye al este y sur de África. Es muy común encontrarla en la sabana seca o semiáridas praderas y pastizales con árboles dispersos y arbustos, entre 700 y 2.000 metros sobre el nivel del mar. A menudo se asocia con animales grandes de rebaño y se alimenta de los insectos que se asustan con el paso del rebaño. Se encuentra con frecuencia en zonas que han sufrido incendios recientemente, donde come los brotes nuevos de pasto e insectos que quedan expuestos por la falta de vegetación.

La avutarda de Kori tiene una asociación mutualista con el abejaruco carmín (Merops nubicus), quienes con frecuencia se posan en sus espaldas. Mientras se alimenta, la avutarda espanta los insectos que aparecen en su camino, el abejaruco aprovecha y los captura. La avutarda puede obtener algún beneficio a cambio de los abejarucos, como ayuda en la detección de predadores.

África es el hogar principal de las avutardas, con sólo cuatro especies que no crían allí: la avutarda australiana, la hindú, el sisón de penacho y el de Bengala. Dentro de África existen claramente dos regiones en las que han evolucionado las diferentes especies, desde el sudoeste del Zambeze hasta El Cabo, y desde el Nilo hasta el Cuerno de África, con seis especies que sólo se dan en el primer ámbito, y cuatro en el segundo. La avutarda kori aparece en ambas zonas.

Tiene un cuello bastante largo y patas longilíneas, con cuerpo robusto y corto pico. Ha perdido los dos dedos traseros y la glándula uropigial que poseen la mayoría de especies de aves. Estas pérdidas, junto con su «vestido» de camuflaje, no son sino una adaptación al paisaje abierto y seco en el que habitan. Utilizan un batir lento y profundo pero potente, que las impulsa a bastante velocidad. En el suelo, a pesar de ser lentas, son animales fuertes, característicamente nerviosos y siempre en alerta; al menor signo de peligro, se ponen a refugio, se quedan quietas o confían en su plumaje para camuflarse.

La avutarda de Kori consigue su alimento deambulando con paso lento entre la alta hierba y los matorrales. Su dieta consiste principalmente en invertebrados, capturados directamente del suelo o de las plantas, pero a veces también desenterrados con su poderoso pico. Igualmente puede comer pequeños invertebrados y grandes insectos, como langostas, tras una corta persecución. Gusta de alimentarse con vegetales, sobre todo brotes, ciertas flores y frutas, y en ocasiones de la savia que rezuma de las acacias. Raras veces busca el agua, pues prefiere tomar la que necesita con el alimento.

Las concentraciones de alimento pueden llevar al animal a quedarse en un mismo punto durante algún tiempo. En Somalia se ha observado a avutardas saltando para alcanzar bayas en las partes más altas de los arbustos, y en Zimbabwe, alguna vez se han visto chapoteando en el agua, supuestamente para buscar ranas, y también defendiendo un hormiguero de termitas frente a otra ave para su provecho. En ocasiones se reúnen en torno a los arbustos y dan caza a insectos. Las avutardas no tienen buche, pero sus potentes mollejas, su largo ciego y su hábito de tomar grandes cantidades de alimento triturado, les ayudan a digerir la comida.

No se ha observado a ningún ejemplar macho empollando, una liberación de los deberes paternos que podría reflejar la ausencia de vínculos de pareja en la familia. En general la nidada consta de uno o dos huevos, instalados en un rudimentario nido en el suelo. Los pollos recién nacidos son precoces y pronto abandonan el nido, pero al principio son alimentados pico a pico por la madre, y se quedan en su compañía algunos meses tras la eclosión.

 

Los machos se guían por una conducta de exhibición, denominada «rueda», en la que se anuncian a las hembras del entorno hinchando el buche y dirigiendo sus colas levantadas hacia el sol, para que destaque más su plumaje blanco, que se hace más visible y brillante.

Suelen ser solitarias y silenciosas, pero con frecuencia emiten una serie de ronquidos sonoros.

Las avutardas son muy poco conocidas, en gran medida por la dificultad que entraña estudiar a estas nerviosas aves, bien camufladas y de lenta reproducción, que suelen abandonar sus nidos cuando se asustan.

Desgraciadamente, la masiva invasión de su hábitat por los cultivos, y la caza, que parece practicarse cada vez con mayor asiduidad, han provocado que la especie avutarda nubia (Neotis nuba), haya sufrido un gran descenso de su población. No se conoce ninguna otra avutarda africana que se encuentre claramente en riesgo, aunque ha de vigilarse el caso del sisón azulado (Eupodotis caerulescens) y el sisón pardo (Eupodotis humilis). Por otra parte, en toda África la presión por la necesidad de alimento es tan acuciante, que probablemente conduzca a estas aves al peligro de extinción.

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