DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS DE LOS ANIMALES
Está en la naturaleza del hombre imponerse sobre el mundo animal, pero esto en sí mismo no guarda relación alguna con tener derechos.
En cierto momento de la historia de la humanidad, alguien concibió la noción de «derechos», y es sólo el hombre quien hace uso de este concepto. ¿Por qué entonces nos referimos a derechos de los animales? La respuesta es bien sencilla: los derechos de los animales tienen como objeto poner límites al comportamiento humano. Si fallamos al imponer límites legales claros al comportamiento humano en relación con los animales, sería imposible iniciar procesos contra quienes exceden estos límites.
Los animales son vulnerables, sin defensa y completamente sometidos al poder del ser humano. Quienes pasan por alto el bienestar de los animales, son responsables de atentar contra los derechos de los animales. Las maneras en las que nos relacionamos con ellos y los derechos que les otorgamos, tienen que ver con la ética, y ésta, debe tener su origen en la compasión, el respeto y el aprecio desinteresado hacia quienes, aunque distintos en apariencia, son semejantes ante los ojos del Amor.
El concepto de los derechos de los animales puede ser interpretado de diferentes maneras. Por un lado, algunos pueden ejercer el «derecho» a matar animales con el propósito de su consumo o por simple deporte. Hay quienes, por otra parte, se privan de su capacidad de matar, inclusive al más pequeño de los animales.
ESPECIES GRAVEMENTE AMENAZADAS
Lince ibérico (Lynx pardinus)
Tigre (Panthera tigris)
Leopardo de las Nieves (Panthera uncia)
Atún rojo (Thunnus thynnus)
Gorila de montaña (Gorilla beringei beringei)
Rinoceronte de Java (Rhinoceros sondaicus)
Panda gigante (Ailuropoda melanoleuca)
Elefante asiático (Elephas maximus)
Tortuga laúd (Dermochelys coriacea)
Vaquita marina (Phocoena sinus)
Orangután de Sumatra (Pongo abelii)
Aligátor chino (Alligator sinensis)
Cocodrilo del Orinoco (Crocodylus intermedius)
Camello bactriano (Camelus bactrianus)
Lobo rojo (Canis rufus)
Gacela dama (Nanger dama)
Cóndor californiano (Gymnogyps californianus)
Buitre de cabeza roja (Sarcogyps calvus)
Caballo de Przewalski (Equus ferus przewalskii)
Musaraña de Harenna (Crocidura harenna)
EN LAS REGIONES POLARES - Lobo ártico, polar o blanco
Reino: Especie: Subespecie: Nombre trinomial: |
Animalia |
Los lobos árticos se encuentran distribuidos por las islas árticas de Canadá y las costas este y norte de Groenlandia, más al norte de la latitud 68° N, pero no en témpanos de hielo. El medio es extremadamente áspero, el helado invierno es largo y oscuro. Ni siquiera los Inuit viven tan al norte.
Como caso excepcional en las subespecies de lobo, el lobo ártico todavía puede ser encontrado en todo su hábitat natural original, debido a que en este entorno rara vez encuentran presencia humana.
Los lobos árticos tienden a ser más pequeños que el lobo común. Suelen ser de 1 a 2 metros de largo, incluyendo la cola; los machos son más grandes que las hembras. La altura de los hombros varia de 63 a 78 cm, siendo más compactos que los lobos comunes, al pesar a menudo más de 45 kg. Pesos de hasta 80 kg han sido observados en machos adultos desarrollados.
La longevidad de los lobos árticos en su entorno natural suele ser de 7 a 10 años, aunque se han observado lobos de hasta 18 años en cautiverio.
Nacen con pelo gris, que se vuelve blanco a medida que envejecen. Usualmente tienen orejas pequeñas, lo que les ayuda a conservar el calor corporal.
Los lobos árticos, como todos los de su especie, cazan en manada. Sus presas son comúnmente caribúes y bueyes almizcleros. Por otra parte, cazan otros animales que puedan encontrar, como la liebre ártica, focas, perdices nivales y lemmings.
Debido a la escasez de plantas de pastar, estos lobos se ven obligados a recorrer grandes áreas (de hasta 2.600 km²) para encontrar presas.
El instinto reproductivo conduce a los lobos jóvenes fuera de sus manadas de nacimiento, yendo en busca de pareja y territorios. La dispersión ocurre en todos los momentos del año, siendo típicamente de lobos que han alcanzado la madurez sexual en la época de reproducción anterior. Durante la época de apareamiento, la reproducción hace que los lobos sean muy cariñosos anticipándose al ciclo de ovulación femenino. En general, la tensión en las manadas crece ya que cada lobo maduro se siente impulsado a aparejarse. Bajo circunstancias normales, una manada solamente puede mantener a una camada por año, por lo que el dominio de los lobos alfas es beneficioso a largo plazo.
Cuando la hembra alfa está en estro, lo cual ocurre una vez al año, en los últimos 5-14 días ella y su pareja pasarán una gran cantidad de tiempo aislados. Las feromonas en la orina de la hembra y el hinchamiento de su vulva informarán al macho de la situación de la hembra. Ésta no es receptiva los primeros días del estro, durante los cuales perderá el recubrimiento interno de su útero.
El pene del macho tiene en su interior una formación ósea conocida como «hueso peneano o báculo», cuya función es la de facilitar la penetración inicial en la hembra, además de mantener la rigidez previa a la erección completa.
El macho montará a la hembra firmemente por detrás. Tras lograr el coito, los dos forman una cópula una vez que el bulbus glandis, un tejido eréctil del macho, localizado cerca de la base del pene, se expande y los músculos de la vagina de la hembra se aprietan. La eyaculación se induce con los empujes de la pelvis del macho y la ondulación del cuello uterino de la hembra. Los dos estarán físicamente unidos entre 10-30 minutos, durante los cuales el macho eyaculará múltiples veces. Tras la eyaculación inicial, el macho levanta sus patas por encima de la hembra, quedando ambos mirando en direcciones opuestas. Se cree que es una medida defensiva, ya que uno cuida la espalda del otro. El ritual de apareamiento se repite muchas veces a lo largo del breve periodo de ovulación de la hembra.
Normalmente, solo el macho alfa y la hembra alfa se aparean, pero en manadas grandes no son los únicos. Se vuelven aptos para el apareamiento a los dos o tres años de nacidos.
La madre pare 2 o 3 cachorros a finales de mayo o principios de junio, aproximadamente un mes antes que el lobo común. Se cree que el reducido número de crías (comparadas con 4 o 5 del canis lupus lupus) se debe a la escasez de presas en el Ártico. Paren en aproximadamente 63 días. Los cachorros se quedan con la madre dos años.








