En las Regiones Polares
Reno o Caribú

REINO
Animalia
FAMILIA
Cervidae
FILO
Chordata
GÉNERO
Rangifer
CLASE
Mammalia
ESPECIE
R. tarandus
ORDEN
Artiodactyla
nombre binomial
Rangifer tarandus
       

El caribú o reno común, ocupa el primer lugar entre los cérvidos en cuanto a utilidad; los pueblos que viven en el extremo más septentrional del globo, deben a este animal sus medios de subsistencia; sin él no podrían vivir, pues presta por sí solo los mismos servicios que generalmente cubren varios animales domésticos.

Las gargantas montañosas y las altiplanicies y declives de hierba rala, constituyen las zonas que habita preferentemente el reno salvaje. Su área de distribución comprende el norte de América, Groenlandia, norte de Europa y este de Asia.

Aunque es la única especie del género Rangifer, se clasifica en cuatro subespecies de renos (en su mayoría, originarios de Eurasia) y cinco de caribúes (originarios de América).

El pelaje de éstos es más espeso que el de cualquier otro cérvido; los pelos son tupidos, duros y frágiles; en la parte anterior del cuello forman una crin que, algunas veces, desciende hasta el pecho. En invierno, estos pelos alcanzan una longitud de 6 cm. y, como son muy lisos, todo el pelaje resulta de una longitud uniforme, de un promedio de 4 cm. de espesor, lo que explica que el reno pueda afrontar sin contratiempos temperaturas bajísimas.

Las subespecies norteamericanas tienen pelajes principalmente marrones, con patas más oscuras; los renos europeos y asiáticos son más grises, con manchas blancas en algunas partes del cuerpo. Los del continente americano alcanzan mayores proporciones que el reno europeo y, a diferencia de éste, nunca han sido domesticados.

Lo mismo que los siberianos, los renos del continente americano migran desde los montes a la zona marítima, y viceversa. Los renos salvajes son siempre muy sociables; forman rebaños mucho más numerosos que los restantes cérvidos: rara vez se encuentra un reno aislado y, cuando esto ocurre, se trata siempre de un macho viejo expulsado del rebaño.

Los renos salvajes presentan formas mucho más esbeltas y elegantes que los domésticos, que parecen un tanto embrutecidos por su prolongado servicio bajo el dominio del hombre.

Los renos del ártico tienen una visión que se extiende más allá del espectro visible, hasta el ultravioleta próximo. El ojo humano es capaz de percibir longitudes de onda comprendidas entre los 700 nanómetros (que corresponde al rojo) y los 400 nanómetros (que corresponde al violeta). El ojo del reno consigue ver hasta longitudes de onda de 350-320 nanómetros, sin que, aparentemente, esta capacidad los afecte. En los seres humanos y en buena parte de los animales, la córnea y el cristalino impiden el paso de los rayos UV particularmente fuertes en las altas latitudes y en presencia de nieve. Estos rayos pueden afectar el ojo. Los investigadores estiman que la visión UV pueda serles especialmente útil para distinguir el alimento y los predadores sobre el paisaje blanco del invierno ártico. Los líquenes, de los que se alimentan, y los lobos, uno de sus enemigos naturales, deberían ser percibidos en negro a los ojos de los renos.

Algunos renos viajan entre 15 y 65 km diariamente dentro de la misma región; otros emigran hasta 1.200 km dos veces al año. En algunas poblaciones, las hembras y las crías se desplazan a zonas de alumbramiento en primavera, y, posteriormente, son seguidas por los machos.

Todos los cazadores están de acuerdo en atribuir a estos cérvidos una gran inteligencia y hasta cierta astucia. Lo cierto es que son mamíferos sumamente prudentes. Pero no experimentan ningún temor frente a los demás animales: se acercan confiadamente a las vacas y a los caballos que pastan en los campos, y cuando se encuentran con un rebaño de renos domésticos, se les aproximan amistosamente, y parecen distinguir muy bien a sus compañeros salvajes de los domesticados.

La época del celo se presenta a últimos de setiembre, y entonces los machos se enzarzan en las acostumbradas peleas para conseguir el dominio del rebaño. Como a la sazón los cuernos, que cayeron en diciembre o enero, ya han vuelto a crecer, el animal está debidamente preparado para esa lucha. A veces permanecen horas y horas con los cuernos entrecruzados.

Los nacimientos tienen lugar hacia mediados de abril, puesto que la gestación dura unas treinta semanas. Los renos salvajes únicamente dan a luz a un pequeño en cada parto: un animalillo gracioso, tiernamente amado por su madre durante mucho tiempo.

El reno no se adapta fácilmente a la cautividad; sin embargo, si se le cuida y trata conforme a sus necesidades, vive muy bien incluso en los zoos, y hasta se reproduce normalmente.

Soporta con la mayor indiferencia las temperaturas más crudas, en tanto que el calor del verano le produce incomodidades y sufrimientos.

 

El reno pasta indistintamente de día o de noche. Son rumiantes, y por tanto, poseen un estómago de cuatro cavidades. Principalmente comen hojas de sauce y abedul, y líquenes en invierno; aunque también comen juncias y hierbas. Además pueden llegar a comer pequeños roedores y aves, así como huevos.

Este artiodáctilo de la familia de los cérvidos, mide entre 1,80 y 2 m. de longitud y 1,40 m. de alzada en la cruz; la cola es bastante corta, de unos 10-25 cm. Su peso es de 120-300 kg. Tiene astas largas con un característico candil frontal con forma de pala en un lado. La hembra posee cuernos al igual que el macho, si bien suelen ser de menor tamaño y no tan recortados.

En las regiones más septentrionales es muy apreciado como animal de tiro y productor de carne y leche.

En algunas zonas de Laponia y Noruega se practica un verdadero pastoreo de los renos, a los cuales se conduce a los pastizales de montaña en verano, para llevarlos de nuevo al llano durante el invierno.

En 1952 fueron reintroducidos en Escocia, donde se habían extinguido en el siglo X. En 1905 fueron introducidos algunos ejemplares de Laponia en las Islas Georgias del Sur, en el Atlántico sur, donde se han adaptado a las condiciones de vida existentes.

Aunque en Alaska, con sus más de 30 rebaños, prácticamente se ha duplicado el número de caribúes (1.000.000 de individuos), las poblaciones de los estados contiguos a EE.UU. se consideran en peligro de extinción. La especie se encuentra clasificada como «en peligro» bajo la Ley de Especies en Peligro de Extinción en estas regiones. La pérdida de hábitat, la caza excesiva y otros factores, han contribuido a la precaria situación del caribú en los Estados Unidos.

En todo el mundo la población de renos se estima en alrededor de 5 millones de ejemplares. Las manadas más grandes se encuentran en Alaska, Canadá y Rusia. La especie ha sido cazada en exceso, hasta el punto de extinguirse en la mayor parte de Europa. La explotación de petróleo y minerales en Canadá puede poner en peligro el hábitat del caribú que vive en las zonas arboladas. Grandes poblaciones de caribú del Ártico también se cree que sean vulnerables.

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