En las Regiones Polares
Búho nival o Búho del Ártico

REINO
Animalia
FAMILIA
Strigidae
FILO
Chordata
GÉNERO
Bubo
CLASE
Aves
ESPECIE
B. scandiacus
ORDEN
Strigiformes
nombre binomial
Bubo scandiacus
       

Las lechuzas son cazadoras formidables que actúan principalmente de noche. Se asemejan a los depredadores diurnos, es decir, a los halcones y gavilanes, pues poseen garras afiladas y pico ganchudo para agarrar y someter a sus presas. Sin embargo, poseen ciertas características que les ayudan a cazar en la oscuridad. Ojos muy grandes, para captar toda la luz disponible, dirigidos hacia delante, con el fin de ayudarlas a calcular las distancias. Su oído es excepcionalmente agudo y el plumaje blando y denso, con flequillos suaves en sus plumas de vuelo, amortiguan el sonido de la turbulencia del aire, lo que les permite volar casi sin hacer ruido.

Con su plumaje enteramente blanco, el búho nival, también conocido como «lechuza de las nieves», es uno de los búhos más característicos.

El plumaje es grueso, pesado, bien adaptado al ambiente norte del círculo polar ártico. Sus plumas largas y densas se extienden hasta los dedos e incluso el pico; el animal está en gran parte cubierto de ellas, y le proporcionan una capa aislante contra el frío. El macho adulto es virtualmente blanco puro. El pelaje de la hembra y los ejemplares jóvenes es moteado de negro o pardo, que en ocasiones puede predominar, y cuyo diseño los oculta en los afloramientos rocosos donde las hembras anidan después de que gran parte de la nieve se haya derretido.

 

Se distinguen por la postura erguida, la cabeza grande y redondeada, y la cola corta. El dedo exterior es reversible, lo que les permite dirigirlo hacia adelante o hacia atrás, mejorando así su capacidad de posarse  o agarrar a sus presas. Estas aves tienen una visión excelente, tanto de día como de noche. Además, poseen un oído excepcional, que capta hasta el débil susurro  producido por un mamífero pequeño, incluso bajo la nieve. Pueden cazar en la oscuridad total, ya que la abertura auricular asimétrica, les otorga una percepción tridimensional del sonido.

Los globos oculares de estos animales son tubulares y no pueden moverse; por esta razón deben girar la cabeza para mirar hacia los lados. En compensación, pueden girar la cabeza y el cuello aproximadamente 270 grados.

Las hembras son de mayor tamaño que los machos. Esta ave de ojos dorados, mide de 55 a 70 cm de longitud, con una envergadura de 120 a 150 cm. Su peso es de 1-2,3 kg.

Es muy activo al anochecer y al amanecer, pero se vuelve diurno en verano, cuando la luz del día es permanente. Se encuentra habitualmente posado sobre un oteador bajo, como la cepa de un árbol caído o una roca, donde espera antes de abatir a su presa. Usa su extraordinaria vista y oído para localizar presas distantes o cubiertas por la nieve, que luego caza en una emboscada silenciosa.

Su alimentación es muy variada, incluyendo aves de mediano tamaño y peces, aunque la parte más importante de su dieta la componen las liebres y, sobre todo, aprovecha la gran despensa natural que suponen los lemmings para todos los carnívoros de las regiones subárticas. La dependencia que los predadores tienen de los lemmings es tal que, durante los años en que sus poblaciones alcanzan su máximo, los animales cazadores tienen también las camadas más abundantes; las aves sacan adelante más pollos y la densidad de carnívoros sobre la tundra aumenta considerablemente.

Tragan a su presa entera, e ingieren mucha materia no asimilable por su organismo, como piel y huesos. Unas 6 o 7 horas después de comer, el animal está a punto para regurgitar (arrojar) las partes no digeribles de su comida. Para facilitar el tránsito, el alimento no digerible se convierte en una bola, con las partes duras envueltas en piel y plumas. A pesar de la forma redondeada, la lechuza se esfuerza cuando la bola sube hacia el esófago. Finalmente, una bola negra y lustrosa es arrojada desde la boca. Puede evacuar una segunda durante las 24 horas siguientes.

Su ciclo reproductivo tiene directa relación con la abundancia de ratones. La población de estos últimos tiende a aumentar y disminuir en un ciclo de 3 o 4 años; a la del búho nival le sucede lo mismo.

 

El búho nival es natural del hemisferio norte. Anida en la tundra e hiberna en el centro del hemisferio norte. Es posible verlo en la zona del Mediterráneo y en California, en los Estados Unidos, pero normalmente no llega hasta el trópico de Cáncer. Este búho muestra preferencia por los campos de vegetación despejada.

Los búhos nivales comienzan sus puestas acondicionando un espartano nido. Escarban en el suelo un agujero poco profundo y desde él hacen frente con fiereza a los depredadores que se acercan, enfrentándose a cazadores de la talla del lobo.

La puesta consta de entre cinco y ocho huevos, pero en los años de abundancia, pueden poner hasta 14. También es posible que no críen en años de escasez de alimento. La hembra incuba la puesta durante 32 días. Cuando los huevos eclosionan ésta permanece todo el tiempo en el nido durante al menos un mes, protegiendo a sus hijos de las bajas temperaturas y alimentándose de las presas aportadas por el macho. Los pequeños pueden abandonar el nido a las tres semanas, pero no son capaces de volar hasta un mes más tarde. En muchos casos la pareja permanece unida durante toda la vida, y mientras la hembra incuba los huevos y está al cuidado de las crías, los machos permanecen muy atentos y próximos al nido para defenderlo.

Hasta no hace mucho, se consideraba a esta especie como el único miembro de un género separado: Nyctea scandiaca, pero los datos en la secuencia de ADN, mostraron que está estrechamente emparentado con los miembros del género Bubo. Es un ave de gran tamaño, y uno de los cazadores alados más poderosos de la tundra.

Como en todos los cazadores de la tundra, sus movimientos están supeditados a los rigores del clima y la disponibilidad de alimento, acompañando a las aves viajeras en sus desplazamientos hacia el sur cuando las temperaturas bajan hasta límites insoportables.

Las llamadas del búho varían, entre el «krek-krek-krek-krek» de los machos, y los «pii-pii-pii-pii» o «prek-prek-prek» de las hembras, más suaves y que a menudo suenan como ruegos. La canción es muy repetitiva. También pueden hacer sonar sus alas en respuesta a ataques.

Esta especie goza de poblaciones saludables y estables, y es muy común en sus áreas de distribución.

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