DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS DE LOS ANIMALES


Está en la naturaleza del hombre imponerse sobre el mundo animal, pero esto en sí mismo no guarda relación alguna con tener derechos.

En cierto momento de la historia de la humanidad, alguien concibió la noción de «derechos», y es sólo el hombre quien hace uso de este concepto. ¿Por qué entonces nos referimos a derechos de los animales? La respuesta es bien sencilla: los derechos de los animales tienen como objeto poner límites al comportamiento humano. Si fallamos al imponer límites legales claros al comportamiento humano en relación con los animales, sería imposible iniciar procesos contra quienes exceden estos límites.

Los animales son vulnerables, sin defensa y completamente sometidos al poder del ser humano. Quienes pasan por alto el bienestar de los animales, son responsables de atentar contra los derechos de los animales. Las maneras en las que nos relacionamos con ellos y los derechos que les otorgamos, tienen que ver con la ética, y ésta, debe tener su origen en la compasión, el respeto y el aprecio desinteresado hacia quienes, aunque distintos en apariencia, son semejantes ante los ojos del Amor.

 

 

 

 

 



   

 

EL PERRO - Komondor

 

Una raza autóctona húngara, pero mucho más grande que el puli, es el komondor, que también desciende de razas del este, gracias a los magiares nómadas que vivían de la cría del ganado y que se desplazaban hacia el oeste con sus razas owtcharka. Muestra inquebrantable valentía y astucia en la defensa y en el cuidado de los rebaños a su cargo, de su territorio y de la casa de su amo. Debe ser tratado con respeto, y hace falta conocer bien la raza antes de adquirir un ejemplar.

 

 

El komondor es un precioso perro de cuerpo musculoso, fuerte, cubierto por un pelo larguísimo que forma largas mechas blancas.

 

 

La cabeza es ancha, bien hecha y proporcionada con el cuerpo. El cráneo es convexo, más ancho que el hocico. El stop es acentuado sólo en apariencia. El caño nasal es recto y el hocico romo.

 

Los ojos son de color marrón oscuro. Las orejas están insertadas a la altura del cráneo, son de tamaño mediano, caídas, largas y en forma de «U». La línea dorsal es ancha y musculada. La cola cae y en el extremo se curva horizontalmente.

 

Las extremidades anteriores parecen dos columnas que sostienen el cuerpo; las posteriores soportan el tronco formando un ángulo un poco rígido.

 

El pelo es espeso y tupido, con tendencia a afieltrarse o bien encordado (en este caso no es afieltrado). Presencia de subpelo. El color es blanco.

 

La talla en los machos es de 65-80 cm., para un peso de 50-60 kg.; las hembras de 55 a 70 cm., para un peso de 40-50 kg.

 

Su origen, my antiguo, es seguramente asiático, aunque no se tiene información precisa sobre cómo y cuándo llegó a Hungría (probablemente con el pueblo magir, a finales del siglo XI).

 

Al joven ejemplar de komondor le gusta jugar y recibir arrumacos, mientras que el adulto es más reflexivo. Desconfiado con los desconocidos y famoso por imponer su fuerza y su valentía, es también un perro fiel.

 

Muy apegado al amo, tiene un fuerte sentido de la territorialidad y hace la guarda con gran determinación. Es un buen perro de rebaño, pero su valor y temeridad le convierten en un perro muy apto para la guarda.

 

Con un buen adiestramiento y en manos expertas, puede ser un buen perro de defensa, aunque bastante conflictivo con los otros perros, y puede morder al hombre si no se le socializa desde la infancia. Por fortuna es muy dócil y basta una señal de su dueño para detenerlo cuando se decide a atacar.

 

Es un perro robustísimo y muy saludable.

 

Es preferible tenerlo en el jardín, teniendo en cuenta la imponente mole y el bienestar del propio animal. Es importante que viva en estrecho contacto con su dueño porque es un perro sensible.

 

OBSERVACIONES Y CONSEJOS

 

La capa de los cachorros es suave y esponjosa, y las cuerdas no se llegan a formar hasta los dos años de edad. El manto podría parecer difícil de cuidar, pero en realidad no necesita ninguna atención. Ni tan siquiera debe ser cepillado, porque ha de mantener intacta su rusticidad.

 

Por motivos de higiene debe bañarse regularmente.