En la Montaña
Azor Común

REINO
Animalia
subFAMILIA
Accipitrinae
FILO
Chordata
GÉNERO
Accipiter
CLASE
Aves
ESPECIE
A. gentilis
ORDEN
Accipitriformes
nombre binomial
Accipiter gentilis
familia
Accipitridae
   
       

Entre las rapaces de la fauna española, el azor común es un temible y feroz cazador. Se trata en realidad de una de las más agresivas especies, sólo comparable al gavilán común, pero su fiereza es superior no sólo en función de su mayor tamaño y potencia, sino en su audacia, que le impulsa a perseguir incansablemente a su presa, aunque ésta a veces en su alocada huida penetre en zona habitada por el hombre.

El azor común, maestro en el ataque por sorpresa, se revela especialmente rápido y preciso. Por otro lado, su morfología se presta bien a esta técnica de caza. Su talla y su potencia le permiten capturar especies de tamaño medio, y su larga cola constituye un timón muy eficaz para efectuar bruscos cambios de rumbo cuando persigue a sus víctimas por el aire.

Huésped de los grandes macizos forestales, establece sus terrenos de caza en los linderos, en los amplios calveros y en los campos salpicados de setos. Emboscado en una rama –su discreta librea le asegura un excelente camuflaje–, espera pacientemente que una presa se mueva en los alrededores. Llegado el momento, abandona su retiro y se lanza sobre su víctima antes de que ésta tenga tiempo de huir.

Es de tamaño mediano (mide entre 48 y 58 cm., bastante similar a un ratonero) y la forma de su cuerpo le asemeja a un gran gavilán o a un halcón, aunque la especie se encuentra realmente emparentada con las águilas.

Su envergadura es de entre 100 y 120 cm.

Los jóvenes presentan tonos claros: rojizo arriba y amarillo con grandes manchas de color pardo oscuro en la zona de abajo. Los adultos poseen una coloración parda ceniza, de tonos grises y negruzcos en la región superior, mientras que las partes inferiores son blanquecinas horizontalmente barradas en oscuro. Tienen dos manchas blancas por encima de sus grandes ojos, y el iris es amarillo o naranja; estas últimas características son algunas de las más evidentes diferencias faciales con los halcones, que carecen de dichas manchas y cuyos iris son oscuros.

Las plumas bajo el nacimiento de la cola (infracobertoras caudales) tienen color blanco puro y son muy visibles cuando el pájaro está posado, ya que con frecuencia están extendidas, y también cuando el azor común vuela por entre los árboles, lo primero que queda en la retina del observador es el color blanco.

Las hembras tienen el plumaje un poco más apagado con los tonos menos vivos, y siendo menos grisáceas en las partes superiores. El pico es negro azulado, más pálido en la base. Los inmaduros se parecen más a las hembras por tener las partes superiores marrones sin matiz gris, con la cabeza tan oscura como los adultos, pero, sin embargo, la nuca es blancuzca y está profusamente rayada.

Otra característica que comparte con las águilas, es la forma de la cabeza y el pico, así como las garras, que son cortas, romas y muy fuertes, ya que el azor (al igual que las águilas) no mata a sus presas desnucándolas con el pico como hacen los verdaderos halcones, sino que lo hacen con la mera presión de sus garras.

Habita en bosques densos, tanto de llanura como de montaña, y rara vez sale a campo abierto. Se extiende por Eurasia desde Iberia y el noroeste de África hasta Escandinavia al Norte, faltando en las Islas Británicas. En toda Europa es ahora una especie en franca decadencia, aunque en los últimos años, las crecientes medidas de protección dispensadas en todos los países dejan un lugar al optimismo en cuanto a su recuperación.

En la Península Ibérica está muy desigualmente repartido y también ha disminuido mucho. Posiblemente la mayor densidad esté ahora en pinares serranos del Centro oeste de la Península Ibérica y en zonas del Perineo Navarro.

El dimorfismo sexual del azor común es muy acusado, uno de los más notorios junto con el gavilán común (Accipiter nisus), de todas las aves de presa. La hembra es extraordinariamente mayor que el macho y mucho más pesada.

Aparte de la distinción existente en el tamaño, que es muy clara entre machos y hembras y la más ligera del plumaje, se observan con frecuencia y al comparar entre sí los adultos que forman dos parejas en plena nidificación, cierta variación en la anchura y la intensidad del color de las rayas oscuras transversales de la parte inferior del cuerpo. Probablemente a este detalle de la coloración del plumaje no debe ser ajena la edad de los azores.

El vuelo del azor común es una característica inconfundible para distinguir la especie. Vuela con extraordinaria habilidad por entre los árboles batiendo con rapidez las alas y alternando con planeos, ladeándose totalmente para pasar entre las ramas y las enredaderas que cuelgan de los árboles.

Pasa mucho tiempo del día posado inmóvil en la rama de un árbol y generalmente mimetizándose bien, de forma que es una verdadera sorpresa levantar tan de cerca a uno de estos pájaros siempre tan vigilantes. Con su larga cola que pliega y despliega continuamente y sus alas redondeadas, vuela espectacularmente realizando quiebros y frenadas que resultan increíbles si no se vieran.

También caza las presas en terreno descubierto y es tal su fiereza que allí mismo las remata comenzando a comerlas en el suelo sin ni siquiera tomar la precaución de volar con ellas a la rama de un árbol.

La hembra del azor emite con frecuencia un grito profundo y ronco: «¡¡girk...girk...girk !!», y el macho también, en tono muy alto pero no tan ronco, y que suena como «¡¡kei...kei...kei !!». Casi siempre se escucha este grito al aproximarse a un nido, mientras el macho chilla en un posadero próximo, la hembra a veces se lanza contra el intruso en peligrosas pasadas, teniendo en cuenta el tamaño del pájaro y su velocidad. La hembra suele emitir un chillido más lento y menos sonoro cuando está posada cerca del nido, moviendo la cabeza de un lado a otro y produciendo un efecto que se ha dado en llamar ventrílocuo.

El azor común es sedentario en Iberia. Sin embargo, los que habitan bosques de especies caducifolias en la Cordillera Cantábrica, se ven poco en el invierno, cuando en realidad al faltar la cobertura vegetal deberían ser más notorios. Es muy probable que gran parte de las muy escasas parejas que aún habitan en el Norte de la Península, desciendan hacia el Sur, aunque no efectuando largos recorridos. Posiblemente a este movimiento sean más propensos los inmaduros.

Caza distintas especies de aves (cuervos, palomas, tordos, perdices…) y también pequeños mamíferos (conejos, liebres, ardillas, ratones, etc.), así como lagartos e insectos.

Se calcula que un azor necesita comer entre 150 y 180 gr. de carne fresca al día, y muy excepcionalmente come carroña, probablemente sólo en duros inviernos. Lo que sí está esclarecido es que algunos individuos pueden especializarse en la captura de determinadas especies. Probablemente en los hayedos de la Cordillera Cantábrica el urogallo no es una presa casual.

Una pareja de azores permanece unida mientras vive, y puede también asegurarse que durante el invierno en zonas donde normalmente los pájaros abandonan el bosque, pueden ambos separarse, pero al llegar la primavera, la hembra invariablemente acude al lugar donde antes anidó y con fuertes y constantes chillidos llama al macho, quien, o ya merodeaba por el bosque y acude inmediatamente, o tarda aún unos días en acercarse.

El azor común ocupa un territorio muy variable en función de la extensión del bosque en que vive. Se le menciona siempre como habitante de bosques frondosos y remotos y la realidad no parece ser ésta. En los bosques cantábricos de especies caducifolias como el roble (Quercus robur), el castaño (Castanea sativa), el abedul (Betula verrucosa) y el fresno (Fraxinus excelsior), situados en plena campiña, y esparcidos por aquí y por allí, pueden albergar una pareja de azores en competencia casi siempre con el gavilán común (Accipiter nisus) y busardo ratonero (Buteo buteo). Se ha observado que en extensiones un poco superiores a 6 Ha., habitan el azor común y busardo ratonero, ocupando ambas especies alternadamente los mismos nidos. Normalmente es el ratonero quien construye los nidos, limitándose el Azor Común en general a agrandar o reparar los antiguos de su convecino. Las dos especies pueden llegar a criar a una distancia entre sí no superior a 200 metros, sin que ello sea un determinante para el éxito o fallo en las nidadas. Son muy ruidosos y fulgurantes los enfrentamientos entre estas dos especie, en los que parece llevar la peor parte el azor común, a pesar de la fama que tiene de ave agresiva y dominante.

El cortejo nupcial de azor es bastante espectacular. Vuelos acrobáticos y en ocasiones combinados con planeos sobre la zona del nido, semejantes a los realizados por otras especies de aves de presa, es lo normal. Pero en todos ellos, e incluso en los frecuentes «picados» efectuados por el macho, hay que notar el destacado papel que las plumas blancas situadas debajo del nacimiento de la cola parecen desempeñar, pues el pájaro las despliega en toda su extensión y belleza. Durante esta época, aunque el azor común macho permanezca posado en una rama, casi siempre a bastante altura sobre el suelo, mantiene estas plumas blancas extendidas, destacando mucho al lado de la oscura cola.

 

El nido suele ser bastante grande sobre todo si, como sucede casi siempre, su construcción se limita a un aporte de material encima de otro nido viejo de él mismo o de otra especie. Tiene forma alargada y el mayor diámetro supera en pocos centímetros al metro. Es bastante plano con un espesor de aproximadamente 25 cm. y en el interior una copa de 30 cm. de ancho y 6-8 cm. de profundidad.

El área de cría puede contener varios nidos que en un primer momento parece que todos van a ser ocupados, pero pronto los azores se deciden por uno desde el que la hembra llama con su grito chillón al macho. Se dice que la elección de un nido viejo del año anterior la hace la hembra, y si se trata de uno nuevo, es el macho quien elige el lugar. Tan pronto como el nido está comenzado, la pareja se posa junta en las proximidades y allí duerme a una altura de 10 a 20 m. y poco antes de la salida del sol todos los días exteriorizan su celo con un dúo de chillidos continuos. Si se trata de construir un nido nuevo, el macho hace todo el trabajo, y si reparan uno viejo también la hembra ayuda algo. La mayoría del material está formado por ramas pequeñas secas que los pájaros cogen en la copa de los árboles. Solamente construyen en las primeras horas del día, cesando en el trabajo bastante antes del mediodía. El interior del nido está casi siempre forrado con hierba seca, cortezas, y en zonas de pinares con acículas secas y verdes de los pinos.

El comienzo de las puestas de huevos es variable en la Península Ibérica, dependiente probablemente sólo del nacimiento de las hojas de los árboles en los bosques de especies caducifolias de la Cordillera Cantábrica y sus valles. Sin embargo, en zonas de la España central, fueron controladas en diversos años en fechas tan distantes unas de otras como la última decena de marzo, primeros días de abril y primera quincena de mayo.

Cada puesta suele consistir en tres huevos, pero a veces oscila entre uno y cinco. Una hembra suele comenzar a poner todos los años en la misma fecha y distanciar cada huevo tres días entre sí. Estos tienen color azulado o blanco sucio uniforme sin marcas. La medida de los huevos da un promedio de 56,3 x 43 mm.

La incubación comienza con la puesta del primer huevo y casi todo el trabajo es desempeñado por la hembra, aunque en los primeros días también el macho incuba por períodos cortos. A partir de la segunda parte de la incubación, después de los 15 días, el macho solamente se sienta en el nido unos minutos mientras la hembra come. La incubación dura no menos de 36 días y tampoco sobrepasa los 41 días. La hembra mientras está incubando es alimentada por el macho. Al principio, cuando éste llega con una presa, sale a su encuentro, pero más tarde la recoge cerca del nido donde su pareja la deposita. Según se ha comprobado, el macho no se aleja mucho de las proximidades del nido para cazar, y espera con frecuencia a que este pequeño territorio sea invadido por algún arrendajo, paloma, torcaz o mirlo para darles caza instantánea, de forma que puede decirse que aquella zona va quedando poco a poco deshabitada.

Cuando nacen los pollos tienen un plumón blanco bastante espeso. A los 28 días de edad ya rasgan la carne de las presas, aunque continúan siendo alimentados por la hembra. A los 38 días casi están emplumados y se mueven muy curiosos por el nido mirándolo todo con atención. A partir de los 35 días vuelan a las ramas próximas, y al mes y medio de vida lo hacen muy bien. Su dependencia de la hembra es tan grande que si ésta muere, el macho sigue aportando presas para alimentarlos, pero al no cebar, se puede dar el caso de que los pollos mueran hambrientos rodeados de abundante comida. Durante todo el período de crianza la hembra rellena el nido y lo adorna con pequeñas ramas y hojas verdes que recoge en los alrededores. También contribuye a la limpieza del nido. Primero ceba a los pollos con trozos de carne, comiendo después ella los intestinos y cartílagos de las presas. Luego recoge los trozos de carne caídos en el fondo del nido y los huesos, y lleva éstos lejos, dejándolos caer al suelo.

Los jóvenes cazan con los adultos al poco de salir del nido, pero no son completamente independientes hasta los 70 días de edad.

Igual que los gavilanes, el azor tiene tendencia a ocupar un territorio no lejano del agua, un riachuelo o charca, donde se introduce con frecuencia y en el que pasa un buen rato agachado, de forma que el agua le llegue hasta el pecho.

Tiene pocos enemigos, pues él ya es un terrible adversario para otros animales, y aunque no se ha podido observar, sí se deduce que en los bosques en que normalmente las ardillas, martas y córvidos constituían un peligro para los nidos de otros pájaros, donde una pareja de azores se establece, deben alejarse lo más posible si no quieren pasar a engrosar la despensa de esta ave de presa.

Es un ave diurna discreta y bastante difícil de ver, incluso más que su pariente de menor tamaño, el gavilán.

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