En los Mares y Océanos
Oso marino de las islas Galápagos

reino
Animalia
suborden
Caniformia
filo
Chordata
superfamilia
Pinnipedia
subfilo
Vertebrata
familia
Otariidae
clase
Mammalia
subfamilia
Arctocephalinae
subclase
Theria
género
Arctophoca
infraclase
Placentalia
especie
A. galapagoensis
orden
Carnivora
nombre binomial
Arctocephalus galapagoensis
       

El oso marino de las islas Galápagos, como su nombre indica, es endémico de dichas islas. Es el otárido más pequeño y el único oso marino que cría en latitudes tropicales.

Está muy asociado a las aguas frías y productivas que circulan alrededor de las islas, donde las presas proliferan mejor que en otras aguas tropicales. Estos osos tienen la tasa reproductora más baja de todos los pinnípedos, presumiblemente porque la productividad de las comunidades de presas en las aguas tropicales es muy variable en comparación con las de los climas templados y polares.

Durante los años de El Niño, las aguas frías dejan de circular y las aguas que están cerca de la superficie se calientan considerablemente, lo que altera y empobrece la cadena alimentaria de la zona. Consecuentemente, hay algunos años en que los índices de supervivencia de las crías son extremadamente bajos.

Es pequeño, con el hocico corto y puntiagudo. Las aletas anteriores son largas y anchas, y las posteriores cortas y más estrechas. Los machos adultos son de dos a tres veces más grandes que las hembras y poseen el cuello más grueso y el pecho y los hombros más anchos. Las medidas máximas son: 1,6 metros de longitud para los machos y 1,3 m para las hembras, con un peso de 70 kg para el macho y 40 para la hembra. Las crías al nacer pesan 3-4 kg.

Carecen de la cresta sagital típica de otros machos de otárido y no presentan melena. Poseen 10 pares de dientes en el maxilar superior y ocho en el inferior.

Los machos tienen la espalda y los flancos marrón oscuro, la cabeza y el vientre más claros y las aletas de marrón oscuro a negro. Las hembras son más claras. Las crías nacen negras y se aclaran en los primeros meses. A veces mudan en las primeras semanas y otras con unos pocos meses.

Los osos marinos de las islas Galápagos crían exclusivamente en las islas de este nombre. Se los ha visto criar por lo menos en 15 islas del archipiélago. La mayoría de los lugares de cría se encuentran en playas orientadas al oeste, más próximas a las aguas frías y productivas. Las colonias de mayor tamaño se encuentran en la isla Isabela, en la que reside un tercio de la población total, y en la isla Fernandina. Se cree que estos osos no migran, permaneciendo en las Galápagos durante todo el año. No se sabe nada sobre su comportamiento cuando buscan alimento en el mar.

Los leones marinos de California tienen la misma distribución, pero son más grandes y más claros, y sus vocalizaciones suelen ser más sonoras. Los machos adultos de león marino ladran y rugen, en lugar de gruñir o toser.

El calor tropical ejerce una gran influencia sobre la organización social y el comportamiento de esta especie. Cuando se encuentran en tierra, a menudo se protegen del sol colocándose detrás de grandes rocas o en el interior de cuevas y evitando el contacto. Se mantienen frescos recostándose cerca de la orilla y sumergiéndose a menudo en el mar o en las charcas que forma la marea. Los territorios de los machos adultos se sitúan en la zona donde rompen las olas, un lugar donde se concentran las hembras para refrescarse. Entre las madres y sus crías se establece un fuerte vínculo, garantizado por el reconocimiento mutuo de las vocalizaciones y del olor de las crías por parte de las madres.

Es una especie poligínica. Los machos establecen territorios en las playas, donde permanecen hasta 27 días seguidos. Debido al calor, las hembras pueden dar a luz a lo largo de varios meses, por lo que los machos pueden aparearse varias veces con ellas. Tras una breve estancia en el mar para recuperar el peso perdido defendiendo su territorio, pueden volver a establecer otro.

Las hembras dan a luz entre septiembre y octubre, cuando desciende la temperatura y abundan más las presas en las aguas costeras. Recalan en tierra firme 2 o 3 días antes de dar a luz. Se vuelven a aparear unos 8 días después e inician un ciclo en el que alternan 1 a 3 días alimentándose en el mar y alrededor de un día en tierra amamantando a las crías, que no suelen destetarse hasta los 2 o 3 años. Es el vínculo materno-filial más largo de todos los pinnípedos otáridos.

 

Se alimentan de peces linterna y calamares, habitantes de los fondos marinos que migran a la superficie de noche. Parecen pasar más tiempo alimentándose cuando hay luna nueva, quizás porque sus presas esos días se acercan más a la superficie. La profundidad de las inmersiones aumenta con la edad del animal. A los 6 meses se sumergen a unos 6 metros durante 50 segundos. Al año, hasta los 47 metros de profundidad durante 2,5 minutos, y a los 18 meses, a 61 metros de profundidad durante 3 minutos. La inmersión más larga y más profunda registrada en esta especie fue la de una hembra que se sumergió a 169 metros durante 6,5 minutos.

A principios del siglo XIX estos osos fueron explotados por los balleneros que de vez en cuando atracaban en las islas, y después por los buscadores de pieles. Durante este periodo se mataron por lo menos 22.000 individuos, y a principios del siglo XX, la especie estaba casi extinguida. Los coleccionistas científicos continuaron cazándolos hasta 1934, fecha en la que el gobierno ecuatoriano prohibió su caza. Esta prohibición se reforzó en 1959, cuando la mayor parte del archipiélago de las Galápagos se estableció como parque nacional.

En algunas islas se eliminaron los perros salvajes de la línea de la costa y en 1998 el gobierno estableció una zona de entre 25 y 65 km alrededor de las islas donde no estaba permitido pescar, aunque los pescadores locales han violado repetidamente esta prohibición. Se estima que la población creció de 27.000 en 1978 a unos 40.000 ejemplares en 1988. El incremento excesivo de la temperatura del agua asociado a El Niño de los años 1982-1983 y 1997-1998, redujo considerablemente la disponibilidad de presas, lo que afectó a la supervivencia de las crías y tal vez también a la de los adultos. En 1982-1983, el 33% de las crías murieron antes de cumplir un mes y ninguna de ellas superó los cinco meses. Sin embargo, cuando las aguas se volvieron a enfriar en 1983, aproximadamente el 90% de las crías superaron el mes de vida.

La especie está clasificada por la UICN como «en peligro».

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