DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS DE LOS ANIMALES


Está en la naturaleza del hombre imponerse sobre el mundo animal, pero esto en sí mismo no guarda relación alguna con tener derechos.

En cierto momento de la historia de la humanidad, alguien concibió la noción de «derechos», y es sólo el hombre quien hace uso de este concepto. ¿Por qué entonces nos referimos a derechos de los animales? La respuesta es bien sencilla: los derechos de los animales tienen como objeto poner límites al comportamiento humano. Si fallamos al imponer límites legales claros al comportamiento humano en relación con los animales, sería imposible iniciar procesos contra quienes exceden estos límites.

Los animales son vulnerables, sin defensa y completamente sometidos al poder del ser humano. Quienes pasan por alto el bienestar de los animales, son responsables de atentar contra los derechos de los animales. Las maneras en las que nos relacionamos con ellos y los derechos que les otorgamos, tienen que ver con la ética, y ésta, debe tener su origen en la compasión, el respeto y el aprecio desinteresado hacia quienes, aunque distintos en apariencia, son semejantes ante los ojos del Amor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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EN LOS MARES Y OCÉANOS

 

Se denomina océano a la parte de la superficie terrestre ocupada por el agua marina.

 

Se formó hace unos 4.000 millones de años, cuando la temperatura de la superficie del planeta se enfrió lo suficiente para permitir que el agua permaneciese en estado líquido. El océano está dividido por grandes extensiones de tierra (los continentes y grandes archipiélagos) en cinco partes que, a su vez, también se denominan océanos:

 

 Océano Pacífico
  Océano Atlántico
 Océano Índico
 Océano Antártico
  Océano Ártico

 

Un mar es una masa de agua salada de tamaño inferior al océano.

 

 

El término mar, también se utiliza para designar algunos grandes lagos, como el mar Caspio, el mar Muerto o el mar de Aral. Se habla entonces de mar cerrado o interior.

 

La definición comparativa de mar como «extensión de agua salada menor que el océano», establece una clasificación de las extensiones de agua salada en la que los océanos serían las mayores extensiones y vendrían a continuación, con diferentes tamaños, los mares.

 

Los mares se diferencian principalmente por el contacto con el océano, pudiendo ser abiertos o cerrados: si está rodeado casi totalmente por tierra, como el Mar Negro, se habla de mar continental, mientras que si se encuentra muy abierto, como el Mar de la China, se habla de mar litoral.

 

La distinción entre mar y océano obedece a diversas causas, sobre todo cuando se habla de mares abiertos en que suele distinguirse atendiendo a la situación geográfica, generalmente enclavada entre dos masas terrestres o, a veces, las menos, a la posición de la plataforma continental. Algunos ejemplos de esto son los siguientes: el Mar del Canal de La Mancha comunica con el Océano Atlántico por el Mar Céltico, pero se distingue por su posición entre la costa sur de Inglaterra y la costa norte de Francia. Otro caso muy claro es el del Mar Mediterráneo, que comunica con el Océano Atlántico por el estrecho de Gibraltar, y se distingue claramente por estar enclavado entre Europa, Asia y África, hasta el punto de tener unas condiciones marítimas muy diferentes (diferentes temperaturas, diferente fauna y flora y mareas de diferente amplitud). Otro mar abierto, en este caso el de los Sargazos, con su acumulación de algas a lo largo de la Florida, se distingue del Océano Atlántico de forma totalmente arbitraria.

 

La máxima autoridad internacional en materia de delimitación de mares es el «International Hydrographic Organization» (IHO), siendo la referencia mundial su publicación «Limits of oceans and seas» (Limites de océanos y mares) (3ª edición de 1953).

 

Dicha publicación no establece diferencias entre océanos y mares, si no que se limita a enumerar todos los océanos y mares del mundo, asignándoles un número, llegando hasta el 66, aunque como utiliza a veces números con letra, en realidad son 73. Son un total de 6 océanos (el Atlántico y el Pacifico están divididos cada uno en dos, Norte y Sur) y 67 mares, de ellos dos divididos en dos cuencas, el Mar Mediterráneo y el Mar de China.

 

Algunos mares tienen mares interiores (que se numeran con una letra minúscula) como el Báltico (3), el Mediterráneo (8) y el Archipiélago de la India Oriental (13).

 

Mares litorales

 

 

Los mares litorales o costeros pueden ser considerados como golfos (muy grandes y ampliamente abiertos) de los océanos. No están separados de éstos por ningún umbral submarino; no obstante, se distinguen de ellos por ser, en promedio, menos profundos, por la mayor amplitud de las mareas y la temperatura más elevada de sus aguas.

 

Son mares litorales el Mar de Beaufort en el Océano Ártico, el Mar de Noruega en el Atlántico, y el Mar de Omán en el Índico, entre otros.

 

Mares continentales

 

Los mares continentales, entre los cuales destaca el Mar Mediterráneo, deben su nombre al hecho de hallarse enteramente situados dentro de los continentes, aunque comunicados con los océanos por un estrecho cuya escasa profundidad, crea un umbral que dificulta los intercambios; éstos se producen, no obstante, en forma de corrientes de compensación y de descarga.

 

Entre los mares continentales y el océano, existen diferencias de temperaturas y de salinidad que llegan a ser considerables.

 

Sus mareas son de tan escasa amplitud que pasan desapercibidas. Además del Mediterráneo, son mares continentales el Mar Báltico, el Mar Negro y el Mar de Japón. En algún caso se habla de «mar epicontinental» cuando está rodeado por una plataforma continental, como el Mar del Norte.

 

Mares interiores

 

Los mares interiores o cerrados suelen ocupar extensas depresiones endorreicas. Corresponden a lagos muy grandes de agua más o menos salada, entre los cuales destacan el Mar Muerto, el Mar Caspio y el Mar de Aral.

 

Lista de los mares del mundo (por continente)

 

Mares de América
Mares de la Antártida
Mares de Asia
Mares de Europa
Mares de Oceanía
Mar Argentino
Mar de Beaufort
Mar Caribe
Mar Chileno
Mar de Grau
Mar de Groenlandia
Mar del Labrador
Mar de los Sargazos
Mar de Cortés
Golfo de México
Mar de Amundsen
Mar de Bellingshausen
Mar de Weddell
Mar de Ross
Mar de Andamán
Mar Amarillo
Mar Arábigo
Mar de Aral
Mar de Banda
Mar de Bering
Mar Caspio
Mar de Célebes
Mar de China
Mar de Filipinas
Mar de Japón
Mar de Kara
Mar de Laptev
Mar Muerto
Mar de Ojotsk
Mar Interior de Seto
Mar Rojo
Mar de Siberia Oriental
Mar de Sulu
Mar Tirreno
Mar de Liguria
Mar Adriático
Mar Jónico
Mar Egeo
Mar de Alborán
Mar Báltico
Mar del Norte
Mar de Frisia
Canal de la Mancha
Mar de Irlanda
Mar Celta
Mar Cantábrico
Mar Mediterráneo
Mar de Barents
Mar de Barents
Mar Blanco
Mar Negro
Mar de Mármara
Mar de Azov
Mar de Arafura
Mar de Tasmania
Mar de Timor

 


Características generales de los océanos

 

Los océanos cubren el 71 % de la superficie de la tierra, siendo el Pacífico el mayor.

 

La profundidad de los océanos es variable, dependiendo de las zonas del relieve oceánico, pero resulta escasa en comparación con su superficie. Se estima que la profundidad media es de unos 4 km. La parte más profunda se encuentra en la fosa de las Marianas, alcanzando los 11.033 metros de profundidad.

 

En los océanos existe una capa superficial de agua templada (12-30º C), que alcanza una profundidad variable según las zonas, de entre unas decenas de metros hasta los 400 o 500 metros. Por debajo de esta capa el agua está fría con temperaturas de entre 5º y -1º C. Se conoce como termoclina  al límite entre las dos capas. El agua es más cálida en las zonas templadas, ecuatoriales y tropicales, y más fría cerca de los polos. Y, también, más cálida en verano y más fría en invierno.

 

El agua de mar

 

Contiene sustancias sólidas en disolución, siendo las más abundantes el sodio y el cloro que, en su forma sólida, se combina para formar el cloruro de sodio o sal común y, junto con el magnesio, el calcio y el potasio, constituyen cerca del 90% de los elementos disueltos en el agua de mar. Además hay otros elementos pero en cantidades ínfimas.

 

Color del agua

 

Una forma de pensar común es que el agua de los océanos es azul debido principalmente a la reflexión del color azul del cielo. En realidad, el agua posee por sí misma una ligera coloración azulada cuando se almacena en grandes cantidades.

 

La reflexión del cielo contribuye a que el agua se vea azul, pero no es la principal razón. El origen se debe a la absorción por las moléculas de agua de los fotones «rojos» procedentes de la luz incidente.

 

Las olas

 

 

Raramente el agua de mar se encuentra quieta, se mueve en olas, mareas o corrientes. Las olas se deben al viento que sopla sobre la superficie. La altura de una ola está dada por la velocidad del viento, el lapso en que ha soplado y la distancia que ha recorrido la ola.

 

La ola más alta registrada fue de 64 metros, pero generalmente son mucho más bajas. Desempeñan un papel fundamental en la formación de las costas.

 

Tsunamis: son un tipo de olas cuyo origen no tiene relación con los vientos, sino con los terremotos o la erupción de volcanes submarinos. Desplazan grandes cantidades de agua con rapidez, modificando la superficie del mar, y creando olas que se alejan de la zona del terremoto del volcán. Llegan a viajar a 750 km/h.

 

En mar abierto provocan pocos daños ya que tienen poca altura (menos de 1 metro). En aguas poco profundas disminuye su velocidad, aumentando su altura hasta los 10 metros o más, suelen causar daños catastróficos al llegar a la costa.

 

Mareas

 

Las mareas son provocadas por la atracción gravitatoria que ejercen la luna y el sol. La atracción es mayor en la cara de la tierra que está frente a la luna, provocando una pleamar o marea alta. El sol, por estar a una mayor distancia, produce un menor efecto que la luna.

 

Se distingue entre mareas vivas (momento de máxima atracción, cuando la luna, el sol y la tierra se encuentran sobre la misma línea), que se producen cada 14 días (luna llena y luna nueva), y mareas muertas (son mareas menos intensas que se producen cuando la luna y el sol forman un ángulo recto con la tierra, porque las atracciones de ambos, al ser en direcciones opuestas, se restan entre sí en vez de sumarse), y se producen en las fases de cuarto creciente y cuarto menguante de la luna.

 

Las corrientes marinas

 

Las corrientes próximas a la superficie de los océanos, son impulsadas por los vientos, que las arrastran con ellos. Se desplazan a menor velocidad que el viento, y no tienen la misma dirección que ellos, ya que se tuercen hacia un lado por efecto de la rotación de la tierra o fuerza de Coriolis, cambiando de dirección hacia la derecha de su trayectoria en el hemisferio boreal, y hacia la izquierda en el hemisferio austral.