Extinción
Loros (psitaciformes)

Los loros constituyen el grupo de aves más amenazado del mundo. Cada año cientos de miles son capturados para el comercio, principalmente ilegal, y muchos mueren antes de llegar a su destino. Junto con la rápida deforestación, esta presión insostenible ha colocado a más de una tercera parte de las especies en riesgo de extinción.

PINTORESCA FAMILIA

Las 354 especies de loros, periquitos, cacatúas, agapornis y guacamayos, comprenden un grupo bien definido, la familia de los Psitácidos, con su propio orden de Psitaciformes. Muchos están brillantemente coloreados, son inteligentes y tienen algunas características aparentemente humanas, como la habilidad para manejar directamente el alimento mientras comen. Algunas  especies son también excelentes imitadores, por ejemplo de la voz humana, y pueden, además, vivir muchos años. Estas características los convierten en mascotas muy deseadas y, a la vez, han representado su perdición. Diecinueve especies han desaparecido y algunas docenas más están en peligro de extinción.

TRÁFICO DE LOROS

A pesar de que muchos loros podrían reproducirse en cautividad, la mayoría siguen capturándose. Este se debe a que la inmensa mayoría de las especies habitan regiones boscosas de Latinoamérica, África subsahariana y sudeste de Asia, donde la pobreza y la relajada aplicación de la ley son caldo de cultivo para un próspero negocio. Atrapar loros es más barato que criarlos, por lo que la demanda continúa siendo elevada.

Los loros se emparejan de por vida y normalmente crían uno o dos polluelos cada año, que en algunas especies tardan hasta nueve semanas en tener plumas. Como en cualquier ave con una tasa de reproducción baja, la eliminación de los adultos, provoca drásticos efectos para la población. También los polluelos son robados, causando un daño irreparable al nido. A veces, la pareja no se recupera del trauma.

EL ÚLTIMO DE SU ESPECIE

La historia del guacamayo de Spix es paradigmática. Descrito por primera vez en 1832, este atractivo loro brasileño fue conocido por la ciencia sólo después de 150 años de comercio. Hacia 1980 consiguió localizarse en estado salvaje, pero décadas de capturas y de destrucción del hábitat, habían reducido su población a tres ejemplares. Éstos fueron capturados en 1987 y 1988, significando su desaparición en la naturaleza. En 2000, se sabía que vivían 60 guacamayos, 54 de los cuales estaban en cautividad.

Los conservacionistas esperan devolver el guacamayo de Spix a la vida salvaje, pero afrontan dos dificultades. El patrimonio genético de la especie es reducido, apareciendo el riesgo de endogamia, y prácticamente ha desaparecido el hábitat. Sólo quedan unos 30 km. cuadrados de la árida región del nordeste de Brasil, apenas suficiente para unas pocas parejas. Además, no existen garantías de que los guacamayos criados en cautividad, sean capaces de sobrevivir en libertad.

A diferencia del guacamayo de Spix y del periquito de Carolina, la mayoría de las extinciones de loros registradas hasta la fecha se relacionan con especies isleñas. Se incluyen entre éstas, los periquitos de Seychelles, Raiatea y Guadalupe, guacamayos de Cuba y Jamaica y el loro de Martinica. La pérdida del hábitat, el comercio y la caza para comer, fueron los principales responsables.

EXTINGUIDO

El único loro de Norteamérica, el periquito de Carolina, fue víctima del rápido crecimiento económico y de décadas de persecución. Durante el siglo XIX, muchos de los bosques de ribera del este de Estados Unidos fueron talados y las bandadas que sobrevivieron, se convirtieron en una plaga para las cosechas. Cazadores y granjeros los mataron a miles y muchos más fueron capturados como mascotas. El último ejemplar murió en cautividad en 1918.

VIAJE MORTAL

Por cada loro que está a la venta, muchos otros mueren durante el viaje, y por lo tanto, el comercio de aves de jaula supone un derroche. La alta mortalidad se produce entre la captura y la exportación debido al estrés, las enfermedades, el agotamiento y las malas condiciones de las jaulas con poca ventilación y agua y comida inadecuadas.

Existen pruebas de que durante meses después de la cuarentena, los loros capturados siguen muriendo de enfermedad y padecen problemas de comportamiento.

PRESERVACIÓN DE LOS LOROS

En un intento para evitar que más loros tengan el mismo destino, se está dedicando grandes cantidades de dinero para la cría en cautividad y la restauración de hábitats, como es el caso del proyecto para salvar el kakapo de Nueva Zelanda. Este singular y regordete loro nocturno (la única especie que no vuela), se vio en peligro al introducir carnívoros, de manera que su población fue trasladada a pequeñas islas libres de predadores.

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