Extinción
Camellos (artiodáctilos)

Durante miles de años los camellos han vivido junto a los humanos en África y Asia, como bestias de carga y proveedores de leche, carne y pieles, al igual que sus parientes domesticados en Sudamérica, llamas y alpacas. Pero hoy, sus primos salvajes están en peligro.

UNA O DOS JOROBAS

La familia de los Camélidos está formada por seis especies, todas ellas de animales de largas patas que pastan en manada. Una de ellas corresponde al camello de una joroba, el dromedario. Esta especie, completamente domesticada, es abundante en África, Oriente Medio y Asia occidental, y sólo existen ejemplares asilvestrados que vagan en manada en Australia, donde fueron llevados en la década de 1860 para utilizarlos para transportar cargas y que quedaron abandonados a partir de 1930. La población mundial de dromedarios es de unos 15 millones, de los que 50.000 son australianos.

El camello bactriano o de dos jorobas es una bestia de carga común con unos dos millones de animales domésticos en el este y el centro de Asia. Pero los camellos bactrianos salvajes están en peligro, ya que sólo quedan menos de 1.000 ejemplares en el desierto de Gobi de Mongolia y China.

TIERRA SALVAJE

Esta extensa y remota área es el último refugio de los camellos bactrianos. Es un lugar abierto, polvoriento y alto, una increíble estepa azotada por el viento y un frío desierto a 4.000 metros sobre el nivel del mar. El grueso pelaje de los camellos bactrianos es imprescindible para su supervivencia en unas condiciones que varían desde las feroces tormentas de arena del verano hasta las ventiscas de invierno a muchos grados bajo cero.

Al igual que los dromedarios, los camellos bactrianos comen todo tipo de plantas y pueden pasar una semana o más sin agua, aunque luego beben más de 100 litros en pocos minutos. A pesar de su extraordinaria fuerza y lo extremadamente remoto de su hábitat, durante siglos han sucumbido frente a los cazadores que buscaban su carne y piel. Ahora, siguen perseguidos por competir con el ganado vacuno por la escasa agua y los pastizales; también los gaseoductos y la minería han reducido su hábitat.

GRANDES ALTURAS

Cuatro camélidos viven en Sudamérica: el guanaco y la vicuña y sus descendientes domesticados, la llama y la alpaca. Parecen versiones más pequeñas y sin joroba de los parientes del Viejo Mundo. Tanto el guanaco como la vicuña no están seriamente amenazados.

La población de guanacos supera probablemente el medio millón, y habita en la puna (prados altos), bosques y matorrales de los Andes en Argentina y Chile, con algunas manadas en Perú, Bolivia y Paraguay.

Esta especie está adaptada para pastar y ramonear la escasa vegetación de montaña, pero el rápido crecimiento del ganado ovino y vacuno, más adecuado para las tierras bajas, está degradando el fino y pobre suelo de la región, y empuja a los guanacos hacia áreas más pequeñas y fragmentadas. El guanaco debe compartir los altos llanos y laderas de los Andes que antes le pertenecían con el ganado doméstico que, además, le causa enfermedades.

La delicada vicuña es el camélido más ligero, con apenas 50 kg de peso; en comparación, los dromedarios pesan 10 veces más. Se distribuye más al norte que el guanaco, y pasta en la puna andina hasta 4.800 m. de altitud. Los grupos principales viven en Perú, Chile, Bolivia y Argentina, con algunas pequeñas manadas en Ecuador.

Como con el guanaco, el hábitat de la vicuña está siendo perjudicado por el ganado doméstico y desde la conquista española, también ha sido cazado por su valiosa lana. Las medidas de protección tomadas en Perú y Chile, debidas en parte a la presión del turismo, han disminuido el impacto de este comercio.

DOMESTICACIÓN

Los camélidos salvajes se cruzan con sus primos domesticados cuando viven en las mismas zonas. Esta hibridación diluye y contamina gradualmente los genes de la especie salvaje y podría conducir a su extinción, como ha sucedido ya con otros grupos de animales. La hibridación es preocupante a largo plazo: los animales híbridos forman parte de las manadas salvajes, y es difícil aislar o eliminar los rasgos adquiridos para mantener la pureza de la especie. Actualmente, el número de camélidos salvajes es relativamente reducido si se compara con el de los domesticados e híbridos.

CAZA FURTIVA

Esta actividad supuso que los camellos bactrianos se volvieran muy desconfiados. Los cazadores siguen acosando a las pocas manadas supervivientes.

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