Extinción
Búhos y Chotacabras (estrigiformes)

Búhos y chotacabras forman uno de los más interesantes grupos de aves y, aunque poco conocidos en general, viven en bosques de todo el mundo y en otros hábitats. Su sigiloso estilo de vida nocturna dificulta la tarea de evaluar su población y amenazas, pero con seguridad se puede decir que la pérdida de hábitat representa el principal peligro.

DESCUBRIMIENTOS GENÉTICOS

La clasificación de las aves, y en realidad la de todos los animales, no es fija, sino que evoluciona de acuerdo con los nuevos conocimientos. Especies, familias y órdenes pueden agruparse de diferente modo o algunas veces establecerse nuevos grupos. Hasta hace poco, búhos y chotacabras eran considerados dos órdenes diferentes: los Estrigiformes (búhos) y los Caprimulgiformes (chotacabras). Sin embargo, el estudio comparado de su ADN, ha mostrado que comparten un antepasado. La nueva clasificación ha rebajado estos grupos a subórdenes ampliando el orden Estrigiformes.

Al margen de esa separación, búhos y chotacabras siguen siendo un misterio, pero el fósil del búho más antiguo tiene 65 millones de años, y el del chotacabras, 40 millones de años. Que estén emparentados no debería representar una sorpresa, ya que muchas de sus características más obvias son comunes.

CAZADORES NOCTURNOS

La mayoría de los búhos y chotacabras son nocturnos o crepusculares y descansan durante el día. Su adaptación a la oscuridad incluye ojos grandes sensibles a la escasa luz, excelente oído y una amplia variedad de espeluznantes y penetrantes llamadas que atraviesan la noche. Muchas especies de ambos grupos tienen un hermoso plumaje con un elaborado patrón de marrones y grises en cada pluma. De este modo se camuflan de los predadores durante el día; los búhos permanecen quietos entre el follaje, y los chotacabras se quedan inmóviles en el suelo.

Una de las principales diferencias entre estos dos grupos reside en la dieta. Ambos son predadores, pero la mayor parte de los búhos están especializados en atrapar vertebrados, especialmente pequeños roedores, mientras que la mayoría de los chotacabras se alimentan de invertebrados como polillas, escarabajos y moscas.

También son sorprendentemente diferentes las estrategias que emplean para alimentarse. Los búhos atrapan a sus víctimas lanzándose desde su percha o sobrevolando el suelo a baja altura. Los chotacabras cazan insectos mientras vuelan manteniendo abierta su ancha boca.

FALTA DE DATOS

Existen 204 especies de búhos y 118 de chotacabras (incluyendo egotelos, podargos castaños, potús y añaperos). Relativamente pocos están clasificados como globalmente amenazados, pero esto refleja en parte la dificultad del estudio de las aves nocturnas. Al vivir en bosques densos y no dejarse ver, búhos y chotacabras son recontados a partir de las llamadas que emiten durante la temporada de cría.

Se conocen solamente detalles superficiales del comportamiento de los que viven en zonas tropicales, especialmente en la selva, donde se encuentra la mayor diversidad de especies. Recientemente se han dado a conocer nuevas especies como el autillo Serendib de Sri Lanka. Es un acontecimiento raro en el mundo de las aves, que nos recuerda las lagunas de nuestros conocimientos. También algunas otras especies que se pensaban extinguidas, incluida la lechuza india de bosque, han sido halladas.

 

PÉRDIDA DEL HÁBITAT

Búhos y chotacabras enfrentan amenazas similares. Las más significativas son la degradación del hábitat –por ejemplo, modificación del matorral, praderías y semidesiertos por el pasto del ganado- y su pérdida, especialmente la deforestación debida a la tala y la expansión agrícola.

El bosque primario es importante para muchas especies como el búho moteado de Norteamérica. Sus problemas lo convirtieron en un icono para los ecologistas que luchaban contra el poder financiero y político de las grandes compañías madereras.

Algunos de los búhos y chotacabras más amenazados, son endémicos de islas. Incluyen especies como el búho de Filipinas, la lechuza de la isla Christmas y el chotacabras de Puerto Rico. De la última de estas especies sobrevivieron menos de 2.000 ejemplares, debido principalmente a la pérdida de bosque y a la introducción de mangostas en la isla en 1877. Al nidificar en el suelo, todos los chotacabras son vulnerables a los predadores.

El uso de pesticidas, como el DDT, ha reducido la población de insectos y en consonancia la de sus predadores. También afecta, a través de los roedores que apresa, a los búhos acumulándose en sus tejidos grasos.

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