Extinción
Avestruces y Semejantes

Más pesado y alto que cualquier otra ave, el avestruz pertenece al grupo de aves más antiguo, Ratites. Sus parientes, emú, casuario, ñandú y kiwi tampoco vuelan, a diferencia de los tinamúes. La cuarta parte de estas especies está amenazada.

GIGANTES VIVOS

Los avestruces adultos alcanzan entre 2,1 y 2,8 m. de altura y tienen grandes patas que les permiten alcanzar hasta los 70 km/h para escapar de sus enemigos. La especie se ha adaptado a la vida en la sabana y a los bosques abiertos o semidesiertos, donde estas aves forman manadas y recorren largas distancias en busca de comida.

Aunque se extinguieron en Oriente Medio a principios del siglo XX, siguen siendo comunes en la mayor parte de África. Los avestruces de cuello rojo, que se encuentran en terrenos áridos desde Etiopía hasta Senegal, son mucho más escasos que los de cuello claro que viven más al sur.

El avestruz es un ave social, ideal para criar en granja. En la naturaleza se ve amenazado por la caza y la degradación del hábitat causada por las cabras y el ganado en general.

ANTIGUO GRUPO

Casi la cuarta parte de las 57 especies de Ratites tienen problemas. Están especialmente amenazados los kiwis de Nueva Zelanda y los casuarios, que son los únicos de las selvas tropicales de Nueva Guinea y Queensland en el norte de Australia. Las tres especies de casuario lucen un casquete corneo protector en la cabeza, y carúnculas en el cuello que cambian de color según su estado de ánimo.

Su población se ha reducido rápidamente debido a la deforestación, la caza, y los asentamientos humanos que las han desplazado, y los ataques de perros asilvestrados que matan a sus polluelos.

PLAGA DE LAS GRANJAS

Los emúes son originarios de Australia y, al igual que los avestruces, tienen plumas caídas y desgreñadas que les ayudan a regular la temperatura en un clima cálido. En el continente australiano, los emúes llegan a ser tan numerosos que se consideran una plaga para los cereales. Sin embargo, hace tiempo que desaparecieron de Tasmania, y otras dos especies se extinguieron en la antigüedad, los emúes de las islas Kangaroo y King. Los colonos las cazaron hasta provocar su extinción a principios del siglo XIX.

Tanto el ñandú mayor como el menor de Sudamérica, parecen pequeños emúes. Sufren la presión de la caza y la conversión de las praderas donde viven en pastizales. Pero los ratites más pequeños del continente, los tinamúes, corren aún más riesgo.

De las 47 especies, siete están globalmente amenazadas. Los tinamúes viven en prados, matorrales y bosques, pero sus condiciones no son buenas en los entornos agrícolas, donde los pesticidas agotan sus fuentes de alimento. La tala amenaza a los tinamúes de la selva.

Como la mayoría de los animales de los bosques de América del sur, el tinamú ha perdido terreno frente a la agricultura, la tala y la urbanización.

EXTINGUIDO

Sólo conocemos a los moas por sus fósiles, pero antes de la llegada de los polinesios a Nueva Zelanda, hacia el año 700, en las islas vivían 24 especies de moa. Estas aves, incapaces de volar, tenían el cuello y las patas largas y unos 3 metros de altura. Su carne era apetitosa y resultaban una presa fácil  al haber evolucionado sin predadores. Fueron cazados hasta su extinción antes de la llegada de los europeos en 1642.

LA FAMILIA DEL KIWI

Las cuatro especies de kiwis están amenazadas. Sus antepasados llegaron a Nueva Zelanda hace 40 millones de años, y perdieron la capacidad para volar al no existir predadores en la isla. La presencia humana y los mamíferos introducidos han hecho a los kiwis vulnerables al perder la mayoría de sus huevos y crías. Al ser especies que sólo ponen dos huevos al año, la situación resulta insostenible. La principal esperanza para los kiwis es que los neozelandeses los consideran un símbolo, y están dedicando recursos suficientes para proteger a estas extrañas aves nocturnas.

La población del kiwi pardo de la isla Norte ha descendido un 90% durante el siglo XX, debido a la pérdida de sus huevos y crías causada por armiños, gatos y perros. Se sabe que, en un caso, un solo perro mató 500 kiwis en seis semanas. Ahora existen algunas reservas para kiwis pardos.

Confinado en los bosques de la isla sur de Nueva Zelanda, la especie sufre una alta mortalidad de sus polluelos. Menos de la décima parte llega a la fase de adulto. En la actualidad los conservacionistas capturan armiños y otros mamíferos para conseguir que más aves sobrevivan.

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