Extinción
Anfibios

Sumamente vulnerables por la contaminación, la modificación de su hábitat y el cambio climático, los anfibios están muriendo a un ritmo sin precedentes en muchos lugares. Si la tendencia no se invierte, su destino sería una advertencia respecto a lo que puede ocurrir posteriormente con otros organismos terrestres, incluyendo a los seres humanos.

TIERRA, AGUA Y AIRE

Los anfibios viven en agua dulce o en tierra (incluyendo algunos excavadores). La mayoría de las especies terrestres regresan al agua para reproducirse, y sus crías pasan allí una gran parte de su temprana vida. Por lo tanto, los anfibios viven en estrecho contacto con el agua, el sustrato sólido y naturalmente el aire.

Por lo menos se han descrito 5.600 especies de anfibios, casi una tercera parte de éstas desde 1985. Se agrupan en tres órdenes. Los Anuros (sapos y ranas sin cola), incluyen el 88% de todos los anfibios; el 9% son Urodelos (salamandras y tritones con cola), y el restante 3% son Gimnofiones (cecilias sin patas). Sin embargo, cada año se identifican y denominan nuevas especies.

INDICADORES BIOLÓGICOS

Se considera a los anfibios unos excelentes indicadores biológicos, ya que en mucha mayor medida que otros tetrápodos (vertebrados terrestres), dependen de las condiciones ambientales.

La extremadamente permeable piel de los anfibios permite el paso de agua, sales y gases entre su cuerpo y el entorno. Por tanto, no debe sorprender que se vean rápidamente afectados por los cambios ambientales y que respondan rápidamente ante los efectos de la contaminación y la introducción de patógenos como hongos, virus o bacterias en su hábitat.

Cualquier alteración de la salud de los anfibios puede servir como advertencia de que la cadena alimentaria y el ecosistema se están viendo perjudicados.

TERRIBLE ESTADÍSTICA

Desde la década de 1980, muchas especies de anfibios han entrado en niveles de peligro o se han extinguido. Descontando las cinco familias de cecilias (de las que no hay datos suficientes, según la IUCN), 32 de las 43 familias incluyen especies consideradas en peligro o situación crítica. En 12 de estas familias, el 30% o más de las especies están en peligro o se han extinguido, pero en algunas familias más pequeñas, el porcentaje alcanza o supera el 50%. Una pequeña familia ha desaparecido por completo. Estas cifras no tienen parangón entre la mayor parte de los grupos de animales.

DECLIVE GLOBAL

La acelerada extinción de anfibios en todo el mundo fue destacada por primera vez en 1989. Las zonas más afectadas son América del Norte y del Sur, Australia y (en menos grado) Europa. Sin embargo, las especies afectadas no son siempre aquellas amenazadas por la sequía, la pérdida o degradación del hábitat, el exceso de capturas o la introducción de predadores foráneos. Muchas de las desapariciones más inexplicables han ocurrido en selvas vírgenes montañosas que se hallan situadas en áreas protegidas.

HÁBITAT Y CLIMA

La modificación del hábitat supone una grave amenaza para los anfibios. Esa modificación incluye la desecación de estanques y pantanos para establecer cultivos o el desvío de agua para el regadío. Entre las especies amenazadas se encuentran el tritón crestado en el Reino Unido y la ranita verde y dorada de Nueva Gales del Sur, Australia. La población de esta rana ha disminuido drásticamente, posiblemente debido a la introducción de la gambusia de Norteamérica en la década de 1920 para el control de la malaria; este pez también devora los huevos y renacuajos de la rana.

Los anfibios se ven afectados por los cambios en su hábitat de agua dulce. Por ejemplo, la vegetación baja controla la temperatura y humedad del microclima próximo al suelo, especialmente en zonas cálidas donde las plantas ofrecen humedad, sombra y seguridad a anfibios e invertebrados, sus presas. La eliminación de plantas puede suponer serios inconvenientes.

Muchas salamandras necesitan condiciones ambientales frescas, húmedas y umbrías; la deforestación de los montes Apalaches en Estados Unidos provocó la desaparición de la salamandra sin pulmones de Jordán.

La maquinaria pesada causó gran impacto en el suelo y la pérdida de vegetación eleva los niveles de radiación ultravioleta-B, dando como resultado la aparición de deformaciones y disminución de la descendencia entre las especies menos adaptadas a la luz solar. La radiación ultravioleta-B afecta al sistema inmunitario de los anfibios, haciéndolos vulnerables a las enfermedades.

EL GRAN TRITÓN CRESTADO

Con su vientre de color naranja brillante y su cresta irregular, el Triturus cristatus es uno de los anfibios más impresionantes del centro y norte de Europa. Está ampliamente distribuido desde Gran Bretaña hasta los Urales en Rusia. Sin embargo, su población se está reduciendo, especialmente en Gran Bretaña, donde ahora goza de protección.

Durante los últimos 50 años sus zonas de cría se han drenado o cubierto con tierra para dejar paso a la industria, la vivienda y las carreteras. Otros miles de lagunas situadas en las zonas agrícolas se han llenado de plantas acuáticas (haciéndose inadecuadas para el tritón) debido a décadas de abandono. Los pesticidas y la cría de carpas en las lagunas, que se comen los huevos y las larvas del tritón, suponen otra amenaza.

La población del gran tritón crestado en el Reino Unido está disminuyendo, cuando tradicionalmente este país era su principal bastión. La especie tiene preferencia por lugares yermos considerados poco valiosos. Estas áreas se han destinado prioritariamente a proyectos urbanísticos para preservar la campiña.

La protección del gran tritón crestado incluye estudios para valorar su población. Si el desarrollo o la contaminación amenazan a una colonia de tritones, ésta puede ser trasladada a otro estanque. Las lagunas pueden cercarse con malla de plástico para evitar las molestias causadas por animales y personas.

TOXINAS Y ACIDEZ

Hemos visto que los anfibios son muy vulnerables a la contaminación atmosférica y acuática, debido a que el estrés provocado sobre su metabolismo puede disminuir su resistencia a las enfermedades y reducir su capacidad reproductora. La contaminación puede afectar al aire (emisiones de gases industriales, de vehículos e incendios forestales), o al agua (fertilizantes, pesticidas y otros tóxicos).

Los contaminantes atmosféricos son transportados por el aire y producen lluvia ácida. De este modo, las áreas vírgenes muy lejanas, incluyendo reservas protegidas, no resultan inmunes a esta amenaza. En el Reino Unido, por ejemplo, el sapo corredor ha sido afectado por la acidificación de las charcas donde cría entre dunas y brezales. También ha sufrido por el incremento del nivel de nitratos en el agua (eutrofización) causado por los usos agrícolas.

 

DESAPARICIÓN

En la últimas dos décadas se han producido algunas desapariciones bien documentadas de anfibios en áreas concretas. La más famosa de éstas ocurrió a finales de la década de 1980 en la reserva de Monteverde, Costa Rica. Cada año más de 1.500 sapos dorados se reunían para reproducirse en las charcas estaciones en esta selva húmeda. En 1989, dejaron de aparecer y no han sido vistos desde entonces; se han considerado extinguidos por la IUCN. Muchos otros anfibios de distribución reducida en esta zona también fueron afectados, incluyendo la salamandra de Monteverde, una especie de rana arlequín que, a pesar de su nombre, es un sapo, y la rana de ojos verdes. Se calcula que perecieron como mínimo 20 de las 50 especies de anfibios de Monteverde. ¿A qué se debió esta catástrofe?

Una hipótesis es que podría atribuirse al efecto provocado por El Niño, que tuvo lugar dos años antes. El clima inusitadamente caluroso y seco causado por este fenómeno climático habría secado las charcas de cría, matando todos los huevos y larvas, mientras que los adultos supervivientes habrían resultado vulnerables a las enfermedades.

Pero el declive de la población no se limita a Costa Rica, por ejemplo, muchas especies de ranas arlequín (género Atelopus), localizadas en la América tropical, están gravemente afectadas. De las 77 especies de este grupo, cuatro se consideran en peligro, 62 en situación crítica, y tres, que vivían en Ecuador y Venezuela, se han extinguido.

INCUBACIÓN GÁSTRICA

Los anfibios también están muriendo en muchos otros lugares del mundo. En pocos años, la población de dos fascinantes especies de rana incubadora gástrica descendió hasta extinguirse en el año 2001. Localizadas en las selvas de la costa oriental de Australia, fueron consideradas tan inusuales que se les adjudicó su propia familia, Rheobatrachidae.

Las ranas recibieron su nombre por una extraña característica de su ciclo vital, ningún otro anfibio conocido realiza la cría en su estómago. Las hembras debían ingerir los huevos tras la fecundación o los renacuajos, aunque como nunca llegó a observarse, no existe certeza. Compuestos químicos presentes en los huevos fertilizados o renacuajos deberían interrumpir la producción de ácidos gástricos de la hembra, para que el estómago se convirtiera en una incubadora hasta que las  pequeñas ranitas pudieran salir a través de la boca. El estómago de la rana volvería entonces a su función normal. La capacidad para controlar la producción de ácidos gástricos podría haber sido muy útil para tratar úlceras, pero esta oportunidad se perdió al desaparecer las ranas.

Al igual que los sapos dorados de Costa Rica y otras muchas especies, la causa de la desaparición de las ranas incubadoras es un misterio. También han resultado afectadas seis especies de ranas del género Taudactylus de Nueva Gales del Sur y Queensland, Australia.

Estas pequeñas ranas viven en los arroyos de la selva. Cuatro de las especies han sido clasificadas en situación crítica, mientras que el sapo de Mount Glorious se cree que ya se ha extinguido.

HONGO ASESINO

Posiblemente la principal causa del declive de los anfibios esté relacionada con un hongo quitridial. Este mortal patógeno, denominado Batrachochytrium dendrobatidis, causa una enfermedad conocida como quitridiomicosis.

En 1993, se responsabilizó a este hongo de la muerte de ranas en Queensland, pero su presencia en Australia puede rastrearse hasta 15 años antes, cuando se observó un brote en la delicada ranita arborícola verde. Otros brotes afectaron anteriormente a la rana verde de Canadá, en 1961, y aún antes, en 1938, a la rana de uñas africana en Sudáfrica.

 

La rana de uñas no muerte por la quitridiomicosis, y apenas muestra síntomas de la enfermedad, por lo que podría haber actuado como portadora. Estas ranas se difundieron por todo el mundo como método para realizar una prueba de embarazo en la mujer (al ser inyectadas con un poco de orina de una mujer embarazada, se provocaba la ovulación), y éste podría ser el vínculo que causó la infección de los anfibios en el resto del mundo.

En la actualidad, de acuerdo con los informes, la quitridiomicosis afecta a muchas especies de ranas de Nueva Zelanda, el Pacífico, América, África y Europa. Recientemente, provocó el drástico declive en España del sapo partero, que se encamina hacia su extinción.

Este hongo quitridial de los anfibios se encuentra en aguas dulces y la infección se produce al ser absorbido a través de la piel de ranas y sapos, pero es difícil determinar cómo este mortal patógeno pudo alcanzar áreas tan remotas como la selva de Monteverde. Es posible que el hongo estuviera presente, a niveles subletales, y sólo pudiera atacar a los anfibios cuando los ejemplares se vieron sometidos a estrés debido a la contaminación o a la excesiva exposición a la radiación ultravioleta-B.

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