El Gato
Cuidados y Alimentación

Tener un gato conlleva poder disfrutar de su amistad, constancia y diversión, y lo más importante, disponer de un sillón privilegiado desde el que observar el mundo natural. En el corazón de cada gato merodea el espléndido pequeño depredador de sus ancestros, y uno nunca se cansa del placer que provoca ver en acción su elegancia, equilibrio, buen juicio y la rapidez de instintos y movimientos.

Pero por muy autosuficientes que sean, los gatos domésticos nos necesitan para obtener el alimento, seguridad y mantener una buena salud. Por ejemplo, tienen necesidades dietéticas especiales, y morirían si no comieran carne.

Las amenazas que acechan a un gato doméstico son relativamente reducidas, pero si enferma o se hiere, su comportamiento natural es apartarse y esconderse.

LA LLEGADA

Salvo en situaciones extraordinarias, como cuando la madre muere o un cachorro es separado de la camada por cualquier circunstancia, lo normal es adoptarlos cuando ya tienen entre 10 y 12 semanas de vida. Para entonces, la madre ya los ha educado y enseñado a comer alimentos sólidos, aunque el duro trance de separarlos de la madre, puede hacerles olvidar algunos comportamientos, como dónde deben hacer sus necesidades, y hay que volver a enseñarles.

Todos los aspectos que caracterizan su nueva vida, son asombrosos y aterradores a la vez. El gato no está acostumbrado a la comida, a los sonidos ni a los olores de la casa, y no entiende qué ha pasado con su madre y sus hermanos. Todo lo que era seguro en su corta vida, se ha evaporado y ha sido sustituido por un montón de incertidumbres. El mundo familiar de la camada, se ha transformado en un entorno extraño, dominado por seres humanos a los que no entiende.

Todos estos factores desencadenan síntomas que pueden ser preocupantes si uno no está preparado. El precioso gatito activo que se adquirió, parece haberse convertido en un animal nervioso e introvertido, que corre a esconderse debajo de algún mueble y se resiste a salir. Si esto sucede, sólo se puede hacer una cosa: esperar. Hay que mantener alejados a los niños y  otros animales, así como evitar sonidos estrepitosos. Nos aseguraremos de que tenga agua y comida, y le procuraremos una cama para tentarlo a salir. Si el gato se para a darse un buen lavado, es señal de que se está adaptando a su nuevo hogar, pero hay que dejarlo que se tome su tiempo.

Si hay otros animales en la casa, lo mejor es mantener apartadas la comida y la cama del gato. De lo contrario, se asustará tanto que no querrá comer o los demás le robarán su comida, y estará tan nervioso que no podrá dormir. Más adelante, cuando ya todos se hayan acostumbrado a la nueva presencia, se pueden reunir las camas y los comederos de todos los animales, pero manteniendo un cuenco y una cama independiente para cada uno. Con frecuencia, a medida que se acostumbran a la nueva casa, los gatos se acurrucan buscando el calor de los otros animales.

Al igual que los bebés, los cachorros necesitan dormir mucho, y a veces, los niños que tienen prisa por jugar con ellos, se decepcionan al verlos tan quietos. En la camada, las madres fomentan las sesiones de juego con sus crías, pero las dejan descansar si lo necesitan, y ésta debe ser la regla también en casa. A medida que van creciendo, los periodos de sueño son menos, y los de juego más, así que deberemos tener un poco de paciencia.

ALIMENTACIÓN

Los gatos son carnívoros por naturaleza. En el mundo salvaje, su dieta se basa principalmente en los animales que cazan, y siglos de domesticación no han conseguido cambiar estos hábitos alimenticios. Los felinos necesitan ciertos aminoácidos y nutrientes para sobrevivir que sólo pueden obtener a partir de las proteínas animales, además de grasas.

A diferencia de otros mamíferos, su metabolismo es incapaz de obtener estas sustancias esenciales a partir de otro tipo de alimentos, por lo que necesita consumirlas directamente. Es imprescindible que la dieta de los gatos contenga un nivel de proteínas muy elevado, casi dos veces más que la de los perros, y al menos una tercera parte de ellas deben ser de origen animal.

Una buena dieta felina es una dieta rica en grasas, ya que su sistema digestivo las digiere fácilmente.

Los gatos son animales de costumbres, y prefieren comer a horas fijas en sitios conocidos, donde no sean molestados, casi siempre dos veces al día. La práctica común consiste en darles una comida más ligera por la mañana, y otra más copiosa por la tarde, pero lo mejor es guiarse siempre por el apetito particular de cada gato.

En el caso de alimentos enlatados o frescos, la ración diaria no debe ponerse de una vez, porque, si sobra, se seca y se llena de insectos. Es necesario retirar siempre los restos de comida que queden y limpiar el cuenco cada vez.

Gracias a la industria de alimentos para mascotas, la dieta actual de la mayoría de gatos domésticos es la mejor de toda la historia. Hace tan sólo 40 años, los gatos tenían que conformarse con los restos de comida que les daban sus amos y algún que otro platito de leche. Hoy en día, los productos alimentarios de alta calidad para gatos, aportan una dieta perfectamente equilibrada y contienen dosis adecuadas de grasas y proteínas, así como de todos los minerales y vitaminas que garantizan un buen estado de salud. Deberemos estar atentos a las etiquetas, para comprobar que la dieta sea «completa», y evitar comprar marcas baratas que tienden a sustituir, muchas veces, las proteínas por cereales y a utilizar aromatizantes químicos.

Es bueno ofrecer productos de gourmet a nuestros gatos de vez en cuando (aunque no tienen por qué gustarles), pero hemos de tener presente que no son tan completos ni tan equilibrados como los productos de alimentación regular. Tampoco hay que dejarse tentar por el bajo coste alimentando a nuestro gato con comida para perros, por ejemplo, ya que es menos rica en proteínas animales, razón por la que es más barata, y contiene cereales y vegetales añadidos.

Mientras algunos gatos se mantienen fieles a un sabor o a una marca en particular durante toda su vida, otros se muestran más volubles y se niegan de pronto a comer algo que llevan comiendo desde siempre. Por fortuna, los productos para mascotas se ofrecen en una gran variedad de sabores, y no es difícil encontrar uno que guste a nuestro gato. Los gatos maniáticos para comer son fastidiosos, y hay que acostumbrarlos desde pequeños a comer cosas diferentes.

Un error muy común es continuar alimentando a un gato con la misma marca y sabor siempre porque es la que le gusta. Si lo hacemos, el animal se negará a comer ninguna otra cosa cuando crezca. No es fácil animar a los gatos maduros a probar cosas nuevas, dado que suelen ser bastante tozudos y prefieren quedarse sin comer a cambiar de dieta. De todos modos, una cosa es segura: ningún gato se dejará morir de inanición, tarde o temprano terminará por comerse lo que le demos… es una lucha de voluntad.

Las comidas deshidratadas y semi deshidratadas para gatos, presentan ciertas ventajas y algunos inconvenientes. A su favor: se conservan bien, así que se puede servir la ración diaria completa en el cuenco sin que se estropee, algo muy conveniente para dueños que pasen casi todo el día fuera. Además, con esta comida ejercitan dientes y encías, lo que reemplaza el ejercicio que hacen desgarrando las presas en el mundo salvaje, y contribuye a mantener la dentadura libre de sarro. En su contra: el contenido en líquido es tan insignificante, que hay que compensar esta carencia con mucha agua, ya sea junto con la comida o por separado. De ahí que sea necesario comprobar siempre que el animal beba suficiente agua y, si no es así, reducir las porciones y combinarlas con comidas enlatadas.

Hay quienes piensan erróneamente que dar a las mascotas productos industriales, es una opción demasiado cómoda, tanto es así que se desviven preparando comidas frescas hechas en casa. El ahorro en dinero es minúsculo si se desea que la dieta sea variada y equilibrada a la vez, mientras que el tiempo y es esfuerzo se multiplican, y surge la necesidad de tener que complementar la dieta con vitaminas y minerales.

En términos generales, la dieta de un gato adulto sano, debe estar compuesta de: un 31% de proteínas, un 41% de grasas y un 28% de hidratos de carbono.

Si nuestro gato suele dejar restos de comida en el cuenco, deberemos reducir progresivamente la ración hasta que veamos que no se deja nada. A diferencia de los perros, a casi todos los gatos les gusta comer despacio y varias veces.

LIMPIEZA Y ACICALAMIENTO

Uno de los rasgos que más atraen de los gatos como mascotas, es lo aseados que son. Pero la creencia popular de que los gatos se saben cuidar solos, no es del todo exacta. Cuando son pequeños, es la madre quien les enseña a asearse, pero independientemente del tiempo que dediquen a ello, hay tres razones por las que las sesiones de acicalamiento deben formar parte de la rutina compartida entre dueño y gato.

En primer lugar, el acicalamiento forma parte importante del vínculo afectivo, y para casi todos los gatos es, o llega a ser con el tiempo, una experiencia placentera. Con él, rememora la atención y los cuidados prestados por la madre.

En segundo lugar, elimina los pelos muertos que de otro modo terminan formando bolas en el estómago o el intestino del animal –esto es especialmente importante en los gatos de pelo largo-.

En tercer lugar, brinda la oportunidad de inspeccionar el estado del pelo, las orejas, lo ojos, la nariz y las garras. El acicalamiento es especialmente necesario en primavera y principios de verano, cuando la mayoría de gatos (salvo los rex o sphynx) muda el pelo, casi siempre en mechones.  Para los más preocupados por la limpieza, acicalar al gato con frecuencia, supone una forma de evitar que haya pelos por todas partes.

En las inspecciones de rutina, se debe comprobar que los ojos no lloren o supuren, y que las orejas estén limpias. Si hay que limpiarlas, emplearemos algodón, procurando no tocar el canal auditivo. Nos acostumbraremos también a inspeccionarle la boca, para comprobar el estado de las encías y la dentadura, para evitar problemas futuros. Si se detectan signos de decoloración de los dientes o inflamación de las encías, deberemos consultar al veterinario.

Para comprobar el estado de la piel, levantaremos el pelo en algunas zonas con un peine de púas finas antes de cepillarlo.

El mejor momento para acicalar al gato es cuando está tranquilo y cómodo. Una vez terminada la sesión, podemos jugar un rato con él, para reforzar la sensación de que el aseo es una experiencia placentera.

En el caso de gatos de pelo corto, una sesión a la semana es suficiente, pero los de pelo largo, deben pasar por ello, al menos una vez cada tres días, sobre todo en época de muda.

Mantener las uñas afiladas es un comportamiento instintivo. Los gatos libres se filan las uñas en árboles o estacas, y eligen casi siempre el mismo sitio día tras día. Los que viven en casa, buscan por instinto un lugar donde hacerlo, como muebles y alfombras. Si no deseamos destrozos en casa, deberemos proporcionar a nuestro animal una esterilla donde arañar o un rascador, que le enseñaremos a utilizar. No sirve de nada intentar convencerle de que no arañe los muebles si no le ofrecemos alternativas. Así, los gatos que pasean libres fuera de casa, mantienen sus uñas a raya sin mayor problema, mientras que los caseros necesitan que se las corten con frecuencia, tarea bastante delicada y que es mejor dejar en manos de especialistas. Son muchos los veterinarios que intervienen a gatos domésticos para extraerles las uñas de las patas delanteras. Esta práctica no es en general muy bien recibida, y la mayoría de asociaciones felinas prohíben la participación de gatos sin uñas en los concursos. De hecho, la opinión de la mayoría es que la extracción de las uñas es una práctica cruel y antinatural, que priva a los gatos de una de sus armas psicológicas más importantes.

SEGURIDAD

Los gatos son grandes supervivientes, pero su curiosidad y la costumbre de meterse en situaciones de las que no saben salir, los tornan propensos a sufrir todo tipo de accidentes.

En el caso de gatos que tienen la posibilidad de salir al exterior, el tráfico es su principal enemigo, y la gravedad de la situación se refleja en las estadísticas, pues son muchos miles los que mueren atropellados cada año en las calles de cualquier ciudad.

Otro riesgo es que se metan en peleas, si bien las luchas encarnizadas entre gatos son poco usuales si los animales están esterilizados. Además del riesgo de sufrir heridas graves, también existe el peligro de que se contagien de alguna enfermedad infecciosa, como la leucemia felina y el VIF a través de la sangre o la saliva.

No es frecuente que los gatos, por muy curiosos que sean, se queden encerrados en lugares ajenos o se pierdan, por ejemplo, ya que en general tienen muy buen sentido de la orientación, saben dónde está la casa, y no se aventuran a ir más allá,  salvo que estén asustados por algo, o los eche de su territorio un gato rival. Si esto sucede, tienden a desorientarse y, a falta de marcas olfativas familiares, a vagar sin rumbo.

En el caso de gatos que siempre habitan en el interior del hogar, es fundamental tener cuidado con puertas y ventanas. Cuando un gato de interior se escapa, es poco probable que sobreviva mucho tiempo, ya que desconoce las técnicas de supervivencia y está menos habituado a las frías  temperaturas del invierno. El tráfico también los trastorna bastante. Los gatos dan en muchas ocasiones muestra de gran ingenio, por lo que no debemos olvidar cerrar bien los tragaluces, y lo mismo se aplica a las ventanas de guillotina.

Si uno o más gatos pasan demasiado tiempo solos en casa, hay que cerrar bien los armarios (sobre todo los que contengan productos tóxicos), y tapar la chimenea. Procuraremos que los cables eléctricos estén recogidos para que no tienten a los gatos a jugar con ellos. Dejaremos una o dos superficies grandes sin elementos decorativos para puedan usarlas como áreas de descanso.

Hay que tener cuidado con las plantas de interior, algunas de ellas son venenosas para los gatos, en particular, todas las de la familia de la hiedra.

Una mala caída puede causar lesiones a los gatos. El gato adulto puede caer desde una altura de hasta 6 metros sin hacerse daño, pero más allá de ese límite, lo más probable es que se lesione. La sacudida puede provocar conmoción cerebral y por tanto, pérdida total o parcial de la conciencia. A pesar de que el gato aterrice de pie, puede lesionarse las patas delanteras y la cabeza, y aunque el daño no sea evidente a simple vista, es mejor llevarlo inmediatamente al veterinario para que le realice una revisión.

Los gatos son vulnerables a los golpes de calor, sobre todo los de pelo largo que viajan en coche en verano, por ejemplo. El transportín es un lugar pequeño y cerrado, con menos ventilación que el interior del coche, y con menos libertad de movimiento. Es posible minimizar los riesgos de un golpe de calor si se reserva para el transportín un lugar ventilado y a la sombra dentro del vehículo, o se saca cada vez que nos paremos a descansar. Nunca debemos dejar al gato solo en el coche, ni tan siquiera con la ventana abierta.

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