El Gato
Tener un Gato

Existen docenas de razas, algunas sin pelo o sin cola, como resultado de mutaciones genéticas, y existen en una amplia variedad de colores. Son expertos depredadores y pueden cazar más de cien especies diferentes de animales para alimentarse. También son animales que pueden asimilar algunos conceptos, y algunos poseen la capacidad de ser entrenados para manipular mecanismos simples.

Se comunican con gemidos, silbidos, gruñidos y alrededor de un centenar de diferentes vocalizaciones, además del lenguaje corporal.

Usualmente las hembras tienen de 1 a 8 gatitos. El período de gestación es de 65 días. Se valen por sí mismos a los 6 meses, y alcanzan la madurez poco después, algunos al año.

El gato es un animal de conducta felina: astuto e instintivamente cazador. Los gatos de granja viven de forma semisalvaje y cazan ratones y ratas, que de no ser por ellos, comerían importantes cantidades de grano. Los domésticos capturan insectos, ratones y pequeños pájaros instintivamente, aunque generalmente no los consumen.

Elegante y con un encanto muchas veces poco conocido. La raza o procedencia apenas influyen en su carácter. Siempre será independiente y poseerá un alto grado de curiosidad. Por ello, elegir un gato como mascota, no se reduce a decidir la raza, es conveniente conocer su comportamiento a nivel individual. De esta forma, podremos tener claras nuestras obligaciones, y sabremos qué va a suponer el compartir nuestro hogar con él.

La mayoría de los gatos no tienen pedigrí, es decir, no pertenecen a ninguna de las razas puras establecidas por las organizaciones nacionales de «amigos de los gatos». Son los llamados «gatos callejeros», como se les conoce habitualmente en todas partes. El típico gato doméstico, es el resultado de generaciones de cruces casuales, aunque a veces predominen en ellos características de ciertas razas establecidas. Nada sugiere que los gatos sin pedigrí sean inferiores a sus congéneres de «clase alta» y, de hecho, las pruebas apuntan todo lo contrario. Es bastante probable que la evolución haya hecho desaparecer a los individuos más débiles, y que la cría excesiva y la manipulación genética, sean las responsables de no pocos problemas de salud. Un ejemplo evidente es el del persa, cuya cría para reducir el tamaño de su nariz y darle la forma chata típica, ha provocado en el animal problemas respiratorios, de los conductos lacrimales y mal cierre de la dentadura, lo cual le impide comer con normalidad.

Se estima que aproximadamente 1 de cada 15 gatos domésticos tiene pedigrí. Para tenerlo, el «árbol genealógico» del animal debe remontarse a cuatro generaciones o más de miembros inscritos, todos de la misma raza, en el registro genealógico correspondiente. Pero lo más normal para la mayoría de los gatos, es que sea imposible identificar con toda seguridad ni siquiera a los propios progenitores.

En general, los países cuentan con una institución única que establece las razas reconocidas en ellos. El caso de Estados Unidos es más complejo, pues existen varias instituciones de registro y diferencias sobre cuáles deben ser las razas aceptadas. Muchas razas reconocidas como distintas en un país, son consideradas meras variedades en otro. No obstante, muchas asociaciones se han agrupado bajo los auspicios de la FIFe (Federación Internacional Felina) en un intento de estandarizar las razas y normas de exhibición a escala internacional.

Los felinófilos, o amantes de los gatos, han hecho posible que sea un animal cada vez más querido, y sobre todo, que podamos disfrutar del gran número de razas actuales, muchas de ellas de reciente creación.

TENER UN GATO

Los gatos tienen fama de ser relativamente baratos y fáciles de cuidar, pero tener un gato, exige unas condiciones mínimas, como son el alimento, refugio, atención y cariño. Aunque a veces pueda parecer que a los gatos les gusta estar solos y sentirse independientes, lo cierto es que en casa, la mayoría establece fuertes relaciones afectivas con los humanos.

Mientras unos se sienten felices con sólo formar parte del hogar, otros prefieren participar activamente en la rutina diaria, y requieren mimos, juegos, y tener «conversaciones» ocasionales con sus amos. Los gatos dependen de sus amos para obtener refugio, alimento, afecto y mantenerse sanos, lo que implica que alguien de la casa (es mejor decidir quién desde el principio), debe dedicarse a las tareas diarias de alimentación, limpieza de la bandeja de arena, acicalarlos y hacerles compañía.

Al mismo tiempo, todos los miembros de la familia deben estar de acuerdo en traer un gato a casa, pues no debe contar con enemigos en el hogar. El animal es un miembro más que convivirá con la familia muchos años, normalmente 12, y a veces bastantes más.

Una cuestión fundamental que hay que plantearse, es si el estilo de vida de la familia es el idóneo para tener un gato. El hogar ideal es aquel en el que los hábitos estén bien establecidos, ya que, psicológicamente, necesitan una rutina. Si en un hogar las personas que lo habitan llegan o salen a horas impredecibles y la casa está vacía demasiado tiempo, es imposible que el animal se adapte bien. Casi todos toleran quedarse solos en casa mientras los amos trabajan, sobre todo si son libres de salir o si tienen juguetes y un punto estratégico de observación para mirar, pero necesitan predecir cuándo vuelven las personas a casa, habilidad que desarrollan con gran rapidez.

Nadie que pase muchas noches fuera de casa debería tener un gato, a menos que pueda atender de otra forma sus necesidades de alimentación y cuidados. También hay que pensar quién cuidará de la mascota cuando la familia se vaya de vacaciones. Por desgracia, son muchos los gatos abandonados a su suerte mientras los amos están fuera. La solución ideal es pedir a un familiar o amigo que pase periódicamente por la casa y se encargue de las necesidades básicas del animal.

Una alternativa posible son las residencias felinas, pero, por un lado, suelen ser caras, y por otro, los gatos no se adaptan a vivir en jaulas tan fácilmente como los perros.

Muchas de las dificultades derivadas de la ausencia del dueño, pueden minimizarse si hay dos gatos en casa, porque se entretienen y distraen el uno al otro, compensando así la falta de compañía. Además, tienden a comportarse mejor y a no destrozar los muebles. La mejor opción para tener dos gatos en casa, es escoger dos ejemplares de la misma camada, para que crezcan juntos.

Niños y gatos

No es buena idea traer un gato a una casa donde haya niños muy pequeños. Diferente es que el gato ya esté en casa cuando nazca el bebé. En este caso, si se le siguen prestando atenciones, el animal suele adaptarse bastante bien a la nueva situación. Los niños pequeños deben aprender algunas normas básicas sobre cómo tratar a los gatos; por ejemplo, a los gatos siempre hay que acercárseles de frente, nunca por detrás o desde arriba; deben saber que, cuando un gato indica que ya ha tenido suficiente juego y que va a echarse una siesta, hay que dejarlo tranquilo y, sobre todo, deben conocer los peligros que representan las uñas de los gatos y comprender que no sólo las desenfundan cuando están enfadados, sino también cuando están muy animados jugando. Una regla de oro es mantener siempre la cara lejos del alcance de las uñas.

Otros animales

Traer un gato a una casa donde ya haya otros animales, puede plantear serias dificultades, aunque pueden evitarse si el amo tiene en cuenta los «derechos de antigüedad» y reparte cuidados y atenciones equitativamente.

Los gatos recién llegados a una casa, no tardan mucho tiempo en adaptarse y en establecer sus propias relaciones de amistad. Es importante, sin embargo, que se les procure un lugar seguro al que puedan retirarse siempre que se vean demasiado presionados por algún otro animal de la casa.

DECIDIRNOS POR UN GATO

Cachorro o adulto, macho o hembra, mestizo o con pedigrí, de pelo largo o corto. Hay que tomar muchas decisiones antes de elegir al gato que mejor se adapte a nosotros y a nuestras circunstancias. Debemos pensar en lo que podemos ofrecerle y en lo que el animal puede ofrecernos a nosotros.

Pensaremos sobre si adquirir un ejemplar mestizo o con pedigrí. La ventaja de uno de pedigrí es que, aparte de tener un aspecto que nos guste, podremos saber de antemano qué temperamento tiene.

Los machos suelen esparcir su orina acre, y las hembras, con la edad, pueden volverse desconfiadas, casi rencorosas. Sin embargo, como a muchos gatos se les castra o esteriliza (lo que elimina las diferencias de conducta), escoger el sexo no es tan vital como en otras especies, como los perros, por ejemplo.

Los pros y contras de adquirir un gato adulto o un cachorro, están bastante equilibrados. Los adultos suelen estar adiestrados, a menudo castrados, y llegan con una personalidad ya desarrollada, por lo que se tiene una idea bastante clara de cuál será su temperamento. Las ventajas de un cachorro son evidentes, a parte del placer de simplemente observar sus divertidas travesuras, está preparado para que el dueño lo moldee a su estilo de vida.

El tipo de gato también es importante. Los de pelo largo poseen un aspecto impresionante, pero, ¿queremos y podemos dedicarle el tiempo necesario para cuidar de su pelo? Los gatos saben limpiarse solos, pero hasta el más meticuloso de pelo largo, necesita ayuda con el acicalamiento diario. Sea cual sea el tipo elegido, debemos pensar en el coste de vivir con un gato. Algunos gastos como la comida, los accesorios esenciales, los chequeos anuales y el alojamiento son fijos. Otros, sobre todo los gastos veterinarios inesperados, varían mucho. Un seguro para mascotas es una forma de planear los gastos inesperados.

DÓNDE BUSCARLO

Una buena forma de encontrar nuestro gato, es el tablón de anuncios del veterinario. Los mercadillos no son el lugar ideal para adquirir una mascota, y muchos veterinarios desaconsejan también en las tiendas de animales, donde las enfermedades felinas suelen ser endémicas. Deben evitarse asimismo los anuncios por internet y de los periódicos, ya que suelen publicarlos personas sin escrúpulos para vender animales que no se encuentran en condiciones óptimas de salud, además, una buena forma de conocer los antecedentes de un gato, por ejemplo, es inspeccionar el hogar original y ver cómo vive el resto de la camada. Desgraciadamente, algunos refugios deberían evitarse. Si deseamos adquirir o adoptar un gato allí, deberemos preguntar a los responsables lo siguiente:

- ¿Algún veterinario ha examinado al animal?
- ¿Está ya castrado, vacunado, desparasitado y provisto de microchip?
- ¿Se le ha aislado para reducir la posibilidad de transmisión de infecciones?
- ¿Se sabe si el gato se ha criado en un entorno familiar o si es salvaje?

Rescatar a un gato de la calle, supone un gran reto y sólo deberían intentarlo los más pacientes. Al principio, a estos gatos no les gusta el contacto físico y suelen tener miedo de todo el mundo. Es más probable que estén afectados por enfermedades o plagas, y son más difíciles de diagnosticar y tratar. Sin embargo, cuando ya los ha visitado un veterinario, pueden llevar una vida feliz y sana, y desarrollar una gran tranquilidad en nuestra compañía, convirtiéndose en una gran mascota.

Acudir a un criador de gatos de pedigrí es de gran importancia si se tiene la intención de exhibir al gato como animal de pedigrí. Las normas que regulan la expedición de certificados de pedigrí, varían de un país a otro, e incluso de una organización a otra dentro del mismo país. De todos modos, es fundamental tener en cuenta que un certificado de pedigrí no constituye en sí ninguna garantía de la calidad o del potencial del gato como animal de exhibición, ni de su condición física o de salud.

Los criadores también venden gatos sin el certificado de pedigrí cuando tienen «taras» que los descalifican e impiden su participación en concursos; son gatos que están perfectamente sanos y que poder ser maravillosos animales de compañía. El término calidad del animal, es el que suele utilizarse en estos casos.

Si deseamos conocer los principales criadores de nuestra zona, podemos consultar en cualquier organización felina local, club de cría selectiva o revista especializada. Los veterinarios también suelen recomendar buenos criadores, y a menudo conocen preciosos gatos sanos sin pedigrí, a los que les vendría bien un buen hogar.

Se recomienda no llevar niños cuando se vaya a elegir un gato, o al menos no dejarse influir por ellos, tienden a rechazar a los ejemplares de expresión triste, que suelen ser los que más necesitan un hogar. Los mejor es acudir con alguien que conozca el aspecto que debe tener un gato sano. Evitar, pues, los de ojos llorosos, los que les gotee la nariz o los que tengan el pelo mate. En el caso de cachorros, deberemos asegurarnos de que hayan cumplido al menos diez semanas de vida, doce mejor, antes de separarlos de sus madres. Todos resultan preciosos de pequeños, pero lo mejor es elegir el más activo y amigable de la camada, el que salga a investigar y que, tras un primer contacto, mejor responda a las caricias y se deje coger en brazos.

CURIOSIDADES

 Los gatos tricolores siempre son hembras. Existe una relación muy estrecha entre el color de la capa del gato y su herencia genética. Cada color es transmitido de una forma distinta. Por ejemplo, el atigrado domina sobre el negro en la transmisión del color a posteriores generaciones. En cuanto aparecen tres colores, es porque se han juntado el par de cromosomas X de la hembra y el X del macho.

 Son muchos los que se preguntan cómo es capaz el gato de emitir el ronroneo, este sonido tan característico. Puede que se produzca en la laringe, pero parece ser que muchos científicos apuntan la posibilidad de que se produzca por la vibración de la sangre en una gran vena situada en la caja torácica.

 Los gatos siameses nacen todos de color uniforme y con el tiempo comienzan sus extremos a oscurecerse hasta obtener su capa habitual. Esto es así por la diferencia de temperatura que poseen, que desactiva en las zonas más calientes un precursor de la melanina (pigmento responsable del color oscuro), que sí aparecerá en los extremos dos o tres grados más fríos, que son las partes oscuras del gato.

  Existe una planta que fascina a los gatos. Les hace disfrutar de momentos sublimes durante unos minutos. Se trata de la Nepeta cataria, también llamada «menta de los gatos», de la familia del tomillo y la lavanda. Su perfume desencadena un comportamiento en el animal, similar al de una hembra en celo.

  Los gatos blancos de ojos azules suelen ser sordos por herencia genética, pues llevan en sus genes la mutación que provoca esta discapacidad.

  Los gatos sienten una aversión natural hacia lo dulce debido a su evolución como carnívoros, pues al no estar preparados para digerir azúcar, los transforman en grasas.

 La fuerza que tienen las patas traseras de los gatos y la flexibilidad de su columna vertebral, les permite saltar distancias equivalentes a seis veces su propia longitud.

  El manto de casi todos los gatos muestra marcas o colores que les sirven de camuflaje. Rayas, manchas o colores lisos sirven al gato para mimetizarse mejor con el entorno cuando cazan.

  El cuerpo de los gatos está perfectamente diseñado para recuperarse de las caídas, y es más probable que al aterrizar se hagan daño en las garras y no en la columna o en las patas.

  Con los bigotes, los gatos calculan las distancias en la oscuridad. También les proporcionan información adicional de la presa cuando la atrapan y está demasiado cerca para mirarla.

 A excepción del gato de margay, los felinos bajan de los árboles andando hacia atrás, de este modo clavan mejor las uñas en la corteza. Si no lo hicieran así, caerían en picado.

  No todos los gatos huyen del agua. Al gato pescador y a otros felinos de gran tamaño, les gusta saltar al agua de vez en cuando para pescar, bañarse o cruzar marismas y ríos.

  La razón por la que los gatos se restriegan con la cola y los costados del cuerpo contra los objetos, incluidos sus amos, es dejar marcas olfativas que señalen su territorio.


 


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