En el Desierto
Cobra Egipcia o Áspid de Cleopatra

REINO
Animalia
FAMILIA
Elapidae
FILO
Chordata
GÉNERO
Naja
CLASE
Sauropsida
ESPECIE
N. haje
ORDEN
Squamata
nombre binomial
Naja haje
SUBORDEN
Serpentes
       

La cobra egipcia es una especie del género Naja que se encuentra en África y la Península Arábiga. Se extiende por la mayor parte del norte de África al norte del Sahara, a través de las sabanas de África Occidental al sur del Sahara, al sur de la cuenca del Congo y el este de Kenia y Tanzania, y en algunas partes del sur de la Península Arábiga.

Se trata de una de las especies de Naja más conocidas, ha sido reverenciada y temida por muchas culturas a lo largo de la historia. Se dice que fue con una de éstas que se suicidó la emperatriz Cleopatra.

Es una de las cobras más grandes del continente africano. La cabeza es grande y deprimida y ligeramente distinta del cuello. El cuello de esta especie presenta largas costillas cervicales, capaces de expandirse para formar una campana, como todas las especies de cobra. El hocico de la cobra egipcia es moderadamente ancho y redondeado. Los ojos son bastante grandes con pupilas redondas. El cuerpo es cilíndrico y robusto con una larga cola.

La longitud de la cobra egipcia depende en gran medida de la localización geográfica, subespecies y poblaciones. La longitud media de esta especie es de entre 1 y 2 metros, con una longitud máxima de poco menos de 3 metros. Las características más reconocibles de esta especie son la cabeza y la capucha. El color es muy variable, pero la mayoría de los especímenes presentan una coloración marrón, a menudo con manchas claras o más oscuras, y en ocasiones con una marca en forma de lágrima debajo del ojo. Algunos ejemplares presentan un tono más cobrizo rojo o gris-marrón. Los ejemplares del noroeste de África (Marruecos, Sahara occidental) son casi totalmente negros. Algunos ejemplares de la subespecie N. haje arabica puede ser de color amarillo. La cara ventral es principalmente blanco cremoso, amarillo, marrón, gris, azul, marrón oscuro o negro, a menudo con manchas oscuras.

Presenta 19-20 escamas dorsales en la parte media del cuerpo, 191-220 escamas ventrales y 53-65 escamas subcaudales.

Aunque la mayor parte de su territorio consiste de zonas desérticas, habita una gran variedad de tipos de hábitat como estepas, sabanas secas y semidesiertos con algo de vegetación y agua. También suelen habitar oasis, suelos agrícolas y colinas con cierta vegetación, así como pastizales. Es común encontrarlas cerca de asentamientos humanos, donde son atraídas por las aves de corral y los roedores. Se han visto individuos de esta especie nadando en aguas del mediterráneo, lo que parece indicar que les gusta el agua.

La cobra egipcia es una especie terrestre y crepuscular o nocturna. Sin embargo, puede ser vista tomando el sol en las primeras horas de la mañana. Esta especie muestra preferencia por habitar permanentemente en madrigueras abandonadas por otros animales, termiteros o afloramientos rocosos.

Es una especie ovípara que presenta puestas de 8 a 33 huevos de 47mm de largo por 25mm de ancho y hasta 60mm de largo por 35mm de ancho.

Esta especie prefiere comer sapos, pero se alimenta de casi cualquier cosa que se mueva y que sea del tamaño adecuado como tortugas, lagartos, serpientes, pequeños mamíferos, aves y peces.

Es un cazador activo que a veces penetra en las viviendas humanas, sobre todo cuando caza aves de corral. Al igual que otras especies de cobra, por lo general intenta escapar cuando se siente amenazada, pero si se ve acorralada, asume la típica postura vertical extendiendo su capucha de piel para intimidar, pero también puede abalanzarse contra su agresor para propinar una mordedura venenosa, emitiendo antes un siseo. El veneno puede ser mortal para el ser humano si no es tratado rápidamente. Esta serpiente es muy territorial, atacando a cualquier amenaza para defender su territorio.

El veneno de la cobra egipcia se compone principalmente de neurotoxinas y citotoxinas. El veneno afecta al sistema nervioso, detiene los impulsos nerviosos que se transmiten a los músculos, y en las etapas posteriores, los transmitidos hacia el corazón y los pulmones, causando así la muerte por insuficiencia respiratoria en tan sólo 10 minutos. Los síntomas de envenenamiento son: dolor local, grave hinchazón, moretones, ampollas, necrosis y variables efectos no específicos que pueden incluir dolor de cabeza, náuseas, vómitos, dolor abdominal, diarrea, mareo, colapso y convulsiones, junto con moderada posibilidad de parálisis fláccida grave. A diferencia de algunas otras cobras africanas, esta especie no escupe veneno.

La especie no se encuentra dentro de CITES, ni en la lista roja de la UICN.

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