En el Bosque
Sapo Común

REINO
Animalia
FAMILIA
Bufonidae
FILO
Chordata
GÉNERO
Bufo
CLASE
Amphibia
ESPECIE
B. bufo
ORDEN
Anura
nombre binomial
Bufo bufo
       

Nos encontramos ante un sapo de gran tamaño, con longitudes medias en los machos que oscilan entre 60 y 85 mm, y de 70 a 120 mm en las hembras, aunque en ocasiones pueden observarse tallas que superan los 200 mm en estas últimas. Los ejemplares meridionales tienen un tamaño algo mayor.

Su aspecto general es el de un animal robusto, con una cabeza no muy grande en relación al tamaño del cuerpo, algo aplastada, ancha y con un desarrollado arco supraciliar o ceja. El hocico es corto y redondeado. Las glándulas parótidas son alargadas, muy desarrolladas, y los tímpanos, de la mitad de tamaño que las pupilas, son poco visibles. La pupila es horizontal, y el iris de un color rojizo, característica ésta suficiente para diferenciarlo de otros anuros parecidos, como el sapo corredor (Bufo calamita).

Su piel es rugosa con abundantes verrugas distribuidas por todo el cuerpo. En la subespecie spinosus están muy desarrolladas, y en ocasiones pueden dar la impresión de ser como espinas. El diseño de la piel es muy variable, aunque dominan los tonos de fondo marrón o rojizo, salpicados de manchas irregulares más claras de color crema o amarillento.

Dependiendo de las regiones, pueden ser desde casi completamente negros a otros diseños pálidos, incluso verdosos. El vientre es blanquecino salpicado de manchas oscuras.

Las patas anteriores son cortas, con cuatro dedos y dos tubérculos en las palmas. Las posteriores son más largas y tienen cinco dedos con membranas interdigitales poco desarrolladas. Habitualmente se desplaza andando, aunque tiene capacidad para el salto, una de las características que nos sirven para diferenciarlo del sapo corredor.

No existen muchas diferencias entre machos y hembras, y además de la presencia de las patas delanteras, que en los machos son más largas y  durante el celo muestran unas callosidades oscuras en los tres primeros dedos de las manos y un tubérculo carpiano que le permiten agarrar fuertemente a la hembra durante el apareamiento, los machos se caracterizan y por la presencia de callosidades negruzcas en la garganta, vientre y, sobre todo, en los dedos delanteros durante la época de celo.

Las hembras tienen una talla muy superior a los machos, como se puede apreciar claramente en la época de celo al encontrarnos con una pareja en amplexus o apareamiento.

El número de machos es más elevado que el de hembras, por lo que se producen auténticas batallas campales para conseguir subirse encima de una de ellas. El amplexo es axilar y resulta curioso observar en ocasiones a varios machos abrazados a una misma hembra, a ejemplares de otras especies, individuos muertos o incluso a objetos inertes. Este fragor produce a veces la muerte de la hembra por ahogamiento o asfixia. Los machos permanecen más tiempo en las charcas, a la espera de aparearse con varias hembras. Estas no permanecen más que el tiempo necesario para aparearse y poner los huevos. La puesta es la más numerosa entre  nuestros  anuros (algunos autores han contabilizado por encima de los 12.000 huevos). Los cordones de puesta miden varios metros de longitud, y tienen varias filas de huevos de color negro. Conforme la hembra los va depositando en el agua, el macho los fecunda y son enrollados sobre las plantas y ramas sumergidas o directamente en el lecho.

Las larvas son muy pequeñas, alcanzan un tamaño máximo de hasta 35mm. Son de color negro, y a simple vista es fácil confundirlas con las del sapo corredor. Si nos fijamos con detenimiento podemos observar que suelen presentan motas iridiscentes doradas y no tienen puntos blancos en la boca, lo que nos sirve para diferenciarlas de las del corredor. El espiráculo se encuentra en el lado izquierdo y dirigido hacia atrás. El ano ocupa una posición media al comienzo de la aleta caudal, encontrándose ésta poco desarrollada y terminada en punta redondeada. Otro aspecto que nos puede servir para diferenciar las larvas de ambas especies, es el medio acuático en que las encontremos, pues el sapo común no suele utilizar charcas temporales para depositar sus huevos.

La eclosión de las larvas se produce a los 5-15 días, dependiendo de la temperatura del agua. Los pequeños renacuajos, de unos 4mm, se dispersan por la charca y suelen situarse en las orillas cerca de la superficie, con el fin de acelerar su desarrollo al estar estas zonas más expuestas a la radiación solar. Son detritívoras y se alimentan de algas, materia vegetal sumergida, detritus, fitoplancton, etc. Tanto las larvas como los huevos contienen varias toxinas, por lo que no son poco apetecibles para sus depredadores. Aun así dísticos, larvas de libélulas, escorpiones acuáticos, peces, gallipatos y larvas de salamandra dan buena cuenta de ellas. El desarrollo larvario dura de 2 a 4 meses, en función de la temperatura del agua y la disponibilidad de alimento. Al finalizar la metamorfosis los pequeños sapillos de apenas 1,5 cm. de longitud, abandonan el agua y permanecen en los alrededores de la charca alimentándose de pequeños invertebrados. En años óptimos los juveniles tapizan el suelo que rodea a las charcas de puesta, escondidos entre la vegetación y bajo las piedras. La insolación y los depredadores diezmarán a estos pequeños sapitos.

Durante el primer año de vida tienen un crecimiento muy rápido, llegando al tercer año al estado adulto, y pudiendo vivir más de diez años, hasta treinta en ejemplares cautivos. Conforme van creciendo van ampliando su espectro alimentario, que incluye multitud de invertebrados e incluso otros anfibios, pequeños reptiles, mamíferos y aves. Entre sus enemigos se encuentran las culebras viperina y de collar, las víboras, rapaces nocturnas y diurnas y diversos mustélidos. Destacar también que una especie de mosca (Bufolucilia bufonivora) deposita sus huevos sobre el cuerpo de los sapos, posteriormente las larvas se introducen en el cuerpo y literalmente los devoran vivos, hasta causarles su muerte. Las toxinas presentes en la  piel son potentes y algunos mamíferos que intentan comérselos pueden sufrir graves secuelas. La nutria y otros mustélidos se cuidan mucho de despellejar al sapo antes de su ingestión. Aparte de la toxicidad de la piel, y de la secreción venenosa de color amarillento que segregan por las glándulas parótidas, poseen otro mecanismo de defensa muy curioso, que consiste en hincharse de aire, levantar las patas traseras y agachar la cabeza, consiguiendo de este modo un notable aumento de volumen y dificultando su ingestión, sobre todo por parte de las culebras.

Distribución geográfica

Ocupa una amplia extensión, que abarcaría la zona paleártica, extendiéndose por toda Europa, hasta el círculo Polar Ártico por el norte, y hasta Asia y Japón por el este, aunque en estas zonas no está muy claro si se trata de la misma especie u otra diferente. También aparece en el noroeste de África.

Ecología de la especie

Se trata de una especie muy versátil, poco exigente a la hora de seleccionar el hábitat, por lo que podemos encontrarla en bosques, terrenos de labor, alta montaña y todos aquellos lugares que dispongan de aguas con corrientes lentas o aguas calmas de una profundidad por encima de los 50 cm, que necesita para reproducirse.

Incluso está presente en lugares en principio  aparentemente poco aptos por su aridez y elevadas temperaturas. Su distribución no parece estar influida por la altitud, ya que se encuentra  desde el nivel del mar, hasta las zonas más altas de montaña.

Son animales predominantemente crepusculares y nocturnos, si bien en tiempo lluvioso y con  temperatura suave se les puede encontrar a plena luz del día. En ocasiones es posible observarlos en condiciones ambientales tan secas que ningún otro anfibio aceptaría salir de su refugio. Esto ocurre cuando tiene necesidad de humedecer su cuerpo en algún arroyo o masa de agua cercano. Durante el día permanecen ocultos bajo piedras, hojarasca o troncos. Dadas las extremas condiciones climáticas de algunos lugares, el sapo común suele estivar  durante la época más calurosa del año, y también hiberna, sobre todo en hábitats situados a gran altitud. Busca para ello lugares con cierta humedad, como tocones, majanos, grutas o madrigueras. Tienen una actividad muy terrestre, y se les puede encontrar bastante alejados del agua, a la que sólo acuden para reproducirse o para hidratarse.

 

A mediados del invierno o bien entrada la primavera, dependiendo de la altitud, los sapos entran en celo. Esto ocurre cuando la temperatura media se sitúa en torno a los 12º C (con temperaturas por debajo de 5º C no salen de sus refugios). Son muy fieles con los puntos de agua que utilizan para reproducirse, y cada año realizan auténticas migraciones, desde sus territorios de campeo hasta ellos. En menor medida pueden utilizar también charcas temporales, o depósitos de riego situados a ras de suelo. Los machos  son los primeros en llegar y esperan en el agua a las hembras, que acuden unos días después. No tienen saco bucal, y el canto de reclamo es apagado, algo metálico.

Su principal mecanismo de defensa es la huida, ayudados por una piel abundantemente cubierta de mucosidad y por su excelente capacidad para saltar.

Como sucede con el resto de anfibios, este tenaz  animalillo se encuentra en continua regresión, sobre todo en las zonas más secas, debido a la transformación y destrucción de los escasos puntos acuáticos que tradicionalmente utilizaba para reproducirse. Igualmente, la progresiva intensificación de la agricultura, supone un grave problema, por la destrucción de hábitats, la contaminación con pesticidas y la sobreexplotación de arroyos y acuíferos.

Los atropellos que sufren cuando se desplazan a sus lugares de reproducción, la contaminación de arroyos y la introducción de fauna alóctona incompatible, completan el listado de amenazas directamente causadas por el hombre. Otros factores recientemente detectados, son las mortandades de larvas, debida a unas radiaciones solares excesivas, al disminuir la capa de ozono y las infecciones producidas por un hongo, que produce mortandades masivas.

El sapo común representa un elemento más de los ricos ecosistemas que aún nos rodean, y es una pena, que a causa de una serie de leyendas sin fundamento, y una «incultura» occidental que se ceba sobre la mayoría de nuestras especies de anfibios y reptiles, muchos ejemplares mueran bajo la bota o el azadón. Debemos intentar entre todos, cambiar la imagen negativa que acompaña a esta especie.

El conocimiento de la naturaleza y sus elementos es la base fundamental para su conservación. Si alguna vez tenemos la suerte de tropezarnos con un sapo, el único problema que puede causarnos, es un olor un tanto desagradable a ajos que nos queda en las manos si lo cogemos. Debemos lavarlas con agua abundante y no tocarnos los ojos, la boca u otras mucosas. Ni el sapo nos escupe, ni nos quedamos calvos, ni nada de eso. Simplemente lleva a cabo su existencia sin molestar a nadie, y cargando a sus espaldas el sanbenito de magia, demonismo y brujería que a su pesar, le hemos colocado.

MOSTRAR ANIMALES DEL BOSQUE    (Mostrar | Ocultar)





Páginas recomendadas

ENERGÍA INTERIOR

Chakras: Información y Tratamientos

AROMAS QUE CURAN

Aromaterapia y Aceites Esenciales

LIBERA TU SER

Autoayuda y Crecimiento Personal

Tu aportación económica es valiosa para nosotros. Con tan sólo 2€, estarás ayudando a sufragar los gastos de mantenimiento y alojamiento de este sitio.
Sitio de pago seguro a través de PayPal - (en tu extracto aparecerá como «Donación www.liberatuser.es»)