En el Bosque
Caracol Común

REINO
Animalia
ORDEN
Pulmonata
FILO
Mollusca
FAMILIA
Helicidae
CLASE
Gastropoda
GÉNERO
Helix
subCLASE
Orthogastropoda
ESPECIE
H. aspersa
SUPERORDEN
Heterobranchia
NOMBRE BINOMIAL
Helix aspersas
       

Caracol es el nombre común de los moluscos gasterópodos provistos de una concha espiral (lo que los diferencia de las babosas) de formas y colores variados según la especie.

Hay caracoles marinos (a veces denominados caracolas), dulceacuícolas y terrestres. Son muy apreciados por el hombre, tanto con fines coleccionistas como gastronómicos.

El caracol es un animal cefalizado, donde se puede distinguir una cabeza, provista de un par de tentáculos cefálicos, encima de los cuales se encuentran un par de ojos que cumplen una función sensorial, así como dos tentáculos más cortos orientados hacia el suelo.

La biología del caracol está poco estudiada, sin embargo, parece haber consenso en cuanto a que en la base de esos tentáculos cefálicos se encuentran unas estructuras especiales denominadas «estatocistos», que contienen los llamados «estatolitos», es decir, concrescencias de carbonato cálcico, cuya función es la proporcionar al animal orientación y equilibrio, como pasa en otros muchos grupos zoológicos. Esto permite al caracol saber si se encuentra en una subida, bajada, si se está cayendo, etc.

El caracol común (Helix aspersa) es una especie de vida terrestre. Es originario de Europa, pero vive en muchas otras zonas. Su cuerpo es de hasta 8 cm de largo. Es de hábitos crepusculares y nocturnos, aunque en lugares húmedos en penumbra, y en días de lluvia, también es activo durante el día. En época de sequía, se esconde dentro de la concha y se encierra, elaborando un «tapón» a base de moco seco conocido como «epifragma».

El sentido del olfato parece estar muy desarrollado en estos animales, y los receptores se sitúan en la base de los tentáculos. Este hallazgo fue hecho por un grupo de fisiólogos que sabían por adelantado que los caracoles tienen la capacidad de dirigirse a sus manjares favoritos sin ningún problema, aun siendo éstos no visibles a sus ojos.

Una característica común a todos los Hélices, es la presencia de concha, que utilizan para protegerse. Asimismo, los Hélices, como grupo animal de la clase Molusca, se definen por las siguientes características:

1. Presencia de pulmón dentro de la concha
2. Ojos situados en los extremos de los tentáculos
3. Presencia de dos pares de tentáculos en la cabeza

Como sucede con otros animales, los caracoles poseen saliva, que segregan gracias a una glándula salival situada en la parte superior de la boca y que como es habitual, ayuda en los procesos de digestión de la comida ingerida. No debe confundirse la saliva con lo que conocemos como «baba».

Los caracoles se mueven como los gusanos, alternando contracciones y elongaciones de su cuerpo, con una proverbial lentitud. Se desplazan gracias a una estructura musculosa que recibe el nombre de pié, y que les permite la reptación por sustratos diversos: rugosos, verticales o lisos.

La masa visceral está muy desarrollada y la encontramos inmersa en el interior de la concha, teniendo en ella: aparato reproductor, digestivo, excretor y circulatorio.

El sistema circulatorio es típicamente abierto, y el respiratorio está formado por un único pulmón que no es más que la transformación de la cavidad paleal en una superficie destinada al intercambio de gases.

Los caracoles terrestres son animales hermafroditas (producen tanto espermatozoides como óvulos), que necesitan de fecundación cruzada para llevar a cabo su reproducción. Esto significa que se precisan dos individuos para que se dé la fecundación, pese a tener cada uno de ellos una representación completa de aparato masculino y femenino. El cortejo se inicia cuando dos caracoles se encuentran y tras realizar algo así como una especie de “danza”, uno de ellos clava un dardo calcáreo al otro, que parece ser un estimulante del apareamiento. Se ha estudiado y se cree que el primero en clavar el dardo, es el que actuará como macho durante la cópula, y el otro individuo hará de hembra. Otros, como los caracoles manzana o Ampullariidae, son hembra o macho.

Los caracoles comunes, por parejas, se inseminan el uno al otro, para fertilizar internamente sus óvulos. Generalmente, en la primavera y el otoño de las zonas templadas, mientras el tiempo permanece caliente y húmedo. La reproducción sucede generalmente de noche, y dura de promedio 4 horas. Después cavan un agujero, enterrando sus huevos algunos centímetros bajo la superficie de la capa fértil. Pasados 12 días (hasta 1 mes según las condiciones climatológicas), estos huevos eclosionan y surgen las caracolitas. Cada puesta consiste en hasta ~100 huevos. Son capaces de poner huevos una vez cada mes.

Los caracoles segregan una «baba» viscosa (es el rastro que dejan mientras reptan), llamada «limacina», que es un lubricante y pegamento que les permite desplazarse por zonas inclinadas. Esta mucosidad contribuye a su regulación térmica, también reduce el riesgo del caracol ante las heridas, las agresiones externas, especialmente las bacterianas y fúngicas, ayudándoles a mantenerse lejos de insectos potencialmente peligrosos, como las hormigas. El mucus sirve además al caracol para desembarazarse de ciertas substancias, como los metales pesados, y forma parte también de la composición de la cubierta.

Cuando se retrae en su concha, el caracol secreta esta mucosidad que se polimeriza, para cubrir la entrada de su caparazón con una estructura llamada opérculo. Es similar en algunas especies de babosas, algo parecido a una cáscara debajo de su piel superior para prevenirlas de desecarse por completo. El opérculo de algunos caracoles tiene un olor agradable cuando es quemado, por eso a veces es usado como un constituyente del incienso. Este opérculo suele ser fino en las especies terrestres y en otras como las marinas, muy mineralizado.

El caracol de tierra más grande es el caracol gigante africano (Achatina fulica), que puede medir hasta 30 cm.

La concha del caracol y las cubiertas de los huevos, están formadas principalmente por carbonato de calcio, al igual que las conchas de otros moluscos. A causa de esto, requieren una buena cantidad de calcio en su dieta y ambiente acuoso para producir una concha fuerte. Una carencia de calcio, o una fluctuación en el nivel de pH en su entorno, probablemente hará que su concha sea fina, se raje, o tenga agujeros. Por lo general, un caracol puede reparar su daño en la concha con el tiempo, si sus condiciones de vida mejoran, pero algún deterioro lo bastante grave podría ser fatal para el caracol. Es por eso que los caracoles se desarrollan mejor en las zonas calizas. Donde el carbonato cálcico escasea, algunas especies faltan y otras, las más adaptables, tragan piedrecitas que contienen calcio, roen huesos, pintura caliza o plantas ricas en calcio.

A excepción de los caracoles marinos, en invierno o en estaciones secas, muchas especies terrestres o de agua dulce, hibernan en su concha sellándose con el opérculo, que le sirve de protección para la hibernación y que es destruido en la primavera o cuando el entorno se hace más húmedo. Algunas especies se reúnen e hibernan en grupos mientras que otras se entierran antes de la hibernación. Cuando detienen su actividad en verano, por condiciones de sequía, se conoce como estivación.

Los caracoles tienen muchos depredadores naturales, incluyendo otras especies de caracoles, escarabajos, serpientes, sapos, tortugas, una oruga depredadora y aves como gallináceas, faisánidas, acuáticas, además de un gavilán caracolero, especializado en cazar caracoles de laguna.

Se sabe de igual forma que durante su ciclo reproductivo en la etapa de huevecillos, estos son presa de varios depredadores como el caso de los ciempiés o escolopendras. Los humanos también aportan grandes peligros para los caracoles. Además de la amenaza obvia de pisarlos, la contaminación del agua y la lluvia ácida destruyen sus caparazones y los envenenan, causando la extinción de muchas de estas especies. Además, los caracoles son usados en la alimentación humana en todo el mundo.

La vida de los caracoles varía de una especie a otra. En su hábitat natural, los caracoles del género Helix viven aproximadamente de 2 a 3 años.

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