En el Bosque
Ardilla roja o Ardilla común

REINO
Animalia
ORDEN
Rodentia
FILO
Chordata
FAMILIA
Sciuridae
CLASE
Mammalia
GÉNERO
Sciurus
INFRACLASE
Placentalia
ESPECIE
S. vulgaris
SUPERORDEN
Euarchontoglires
NOMBRE BINOMIAL
Sciurus vulgaris
       

Este popular, ágil y simpático roedor desarrolla su vida de modo fundamental en los árboles, con hábitos diurnos y activo durante todo el año.

La ardilla roja es una especie muy antigua, habiéndose encontrado restos fósiles con una edad estimada entre los 20 y 30 millones de años. En la actualidad la ardilla habita los cinco continentes, contando la familia (Esciuridus) con unas 350 especies, de hábitos tanto arborícolas como terrestres.

Es un animal muy sociable y simpático, que acepta la presencia humana sin dificultad, por lo que es habitual verla en parques y jardines, donde acepta con agrado alimentos de las personas. Por el contrario, en las sierras y lugares donde no está habituada a la presencia humana, al menor atisbo de movimiento o ruido huye con rapidez y trepa por los árboles para situarse fuera de su alcance, aunque su curiosidad le hace mirar hacia el visitante tan pronto se considera a salvo.

Si tenemos la ocasión de observar al animal descendiendo de un árbol o rama, comprobaremos que siempre lo hace cabeza abajo. Tanto el ascenso como el descenso es muy rápido gracias a las poderosas uñas con que cuentan sus cuatro patas (con 4 dedos las anteriores y 5 las posteriores). Las características anatómicas y movilidad de las patas delanteras, le permiten al animal que pueda usarlas a modo de pequeñas manos, de las que se ayuda para sujetar los alimentos que pela y come.

El nombre de ardilla roja es ilustrativo del color de la capa de la especie, aun cuando la coloración puede variar significativamente entre los individuos y particularmente de una subespecie a otra.

El pelaje del animal difiere sensiblemente de invierno, cuando el pelaje o capa es más oscuro que en verano, aun cuando la principal característica que presenta el animal en verano con respecto al invierno, es que en invierno presenta largos y abundantes pelos sobre las orejas (pinceles auriculares), los que desaparecen y se caen en verano, para volver a aparecer nuevamente al llegar los rigores invernales al año siguiente. Esta característica de los pinceles auriculares permite al identificar la imagen de una ardilla saber si la fotografía ha sido tomada en invierno o verano.

Otro aspecto anatómico destacable en la configuración general del animal, es la presencia permanente de una bien dotada y poblada cola, con aspecto voluminoso y esponjoso, que le sirve a la especie como punto de apoyo y, fundamentalmente, para equilibrar sus ágiles movimientos en los árboles, donde pasa la mayor parte de su vida, incluida la cría, para lo que construye unos característicos y curiosos nidos en las horquillas de los árboles, de forma esférica, de unos 20 a 30 centímetros de diámetro, en los que acondiciona una cámara protegida con hojas y musgo en la que da a luz dos veces al año a sus crías: de 1 a 6, aunque normalmente son 3 ó 4 ejemplares.

El nido es de tal importancia en la etología de la especie, que el individuo, muy solitario, suele poseer más de un nido en su territorio, que cuenta con un radio medio de 200 a 300 metros, al que los machos suelen delimitar con orina y otras marcas territoriales, espacio en el que puede acondicionar hasta 6 nidos, aunque lo normal en que sean menos, de los que uno de ellos es el utilizado por la hembra para criar, y los restantes para refugiarse, para descansar o como despensa.

La ardilla se alimenta de forma fundamental de frutos secos y semillas, principalmente del pino (piñones), que pela con gran habilidad, hasta el punto de que una ardilla puede emplear unos 3 minutos en dejar completamente limpia una piña. También puede incluir en su dieta frutos otoñales, setas, brotes de ramas tiernas, líquenes, huevos o incluso pájaros, los que localiza en los árboles en los que se mueve con gran agilidad, pudiendo efectuar saltos de hasta cinco metros; acrobacias que realiza gracias a sus cualidades físicas y a tener muy desarrollado el sentido de la vista, lo que le permite calcular muy bien las distancias en sus rápidos movimientos.

El agua es un factor condicionante en la presencia y supervivencia de la especie, de modo que precisa vivir en las proximidades de manantiales o arroyos que cuenten con presencia constante de agua. La ardilla no hiberna, estando activa todo el año, aun cuando disminuye su ritmo de vida en los días invernales más crudos, en los que permanece refugiada en su nido, donde acumula a lo largo del año, principalmente en el otoño, frutos secos y otras reservas con las que solventar sin dificultad esta adversidad.

El excesivo calor (temperaturas en torno a los 35º C) también disminuye su capacidad metabólica y durante las horas centrales de los días muy calurosos también permanece refugiada en sus nidos, a la sombra. La ardilla se muestra más activa al amanecer y a primeras horas de la tarde.

Vive en todo tipo de bosques, tanto de frondosas como de coníferas, y puede emplazarse desde el nivel del mar hasta los 2.150 metros.

Longevidad: Hasta 6 años en libertad, aun cuando lo normal es que no pase de los 3 años de vida. La mortalidad es muy alta en los individuos jóvenes, de modo que un porcentaje estimado entre el 70 y el 80 % no alcanzan el año de vida. Se calcula que la vida media de la ardilla está en torno a los seis meses. En cautividad puede llegar a vivir 10 años.

Celo: Como en la mayor parte de los roedores, está condicionado por la disponibilidad de alimento, aunque suele haber dos períodos anuales que coinciden entre enero-abril y junio-agosto.

Gestación: La gestación dura de 40 a 60 días.

Época de parto: Las hembras primerizas sólo tienen un parto al año, mientras que a partir del segundo año son posibles dos partos anuales, uno en primavera y otro a mediados, o final de verano.

Parto: De 1 a 6 crías, normalmente 3 ó 4, que pesan al nacer 12 gramos, y que nacen con los ojos cerrados y sin capacidad auditiva. A la semana les sale pelo y a la cuarta o quinta semana abren los ojos y ya pueden oír.

Duración de la lactancia: Las crías son amamantadas mientras tienen los ojos cerrados (4 ó 5 semanas) periodo en el que permanecen en el nido, cuya boca tapa la madre cada vez que sale para intentar proteger a las crías de los depredadores. Las crías continúan conviviendo con la madre hasta que son adultas, momento a partir del cual inician una dispersión natural.

 

Madurez sexual: Alcanzar la madurez sexual entre los 6 y 11 meses los machos y entre los 10 y 12 meses las hembras.

Dimorfismo sexual: No apreciable por métodos normales, sin contacto manual con el animal. Se diferencian el macho y la hembra por la distancia entre el ano y la apertura sexual. Más cercana en la hembra y con 1 cm. o más de separación en el macho. La hembra cuenta además con siete pares de mamas, más visibles cuando está en periodo de lactancia.

Enemigos naturales: En España sus principales enemigos son el gato montés, la garduña y la gineta, así como las grandes rapaces nocturnas y diurnas. En el norte de España la marta es su principal amenaza.

Curiosidades ecológicas: La ardilla entierra en el suelo frutos otoñales a modo de despensa, cuando abundan en la naturaleza, para consumirlos posteriormente cuando escasean los alimentos. Muchas de estas semillas no las localiza o quedan olvidadas, posibilitando que de ellas nazca un nuevo árbol. De aquí que la ardilla ha sido llamada como «el plantador de árboles».

Principales problemáticas: La destrucción de hábitats y la lucha contra la procesionaria del pino, empleando métodos no selectivos, mediante la utilización de insecticidas de amplio espectro, fundamentalmente fumigaciones áreas en pinares afectados por plagas, han supuesto gran mortandad en la especie, bien por contacto directo con el producto (intoxicación) o por disminución de la capacidad de fecundación y/o esterilización, principalmente por el ilícito empleo de productos derivados del DDT.

La ardilla también ha sido objeto de caza por alimañeros, que vendían su piel o disecaban el animal, dada la belleza y atractivo que siempre ha tenido para el hombre. Hasta hace unos años la caza era otra amenaza, en cuanto que también se cazaba la ardilla, unas veces para comérsela, otras por simple «placer» de matar a un animal que se movía entre los árboles, o por considerar que preda sobre los huevos de otras aves y era, por tanto, un enemigo a eliminar.

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